En un artículo anterior mencioné mi preocupación acerca de la cacería de brujas en la que podemos caer con los ídolos. Empezamos a encontrar ídolos por todos lados y a veces las cosas a las que llamamos así solo son cosas buenas.

A menudo los cristianos parecemos tenerle miedo al placer. Si algo nos gusta o nos da placer, suponemos de inmediato que ha de ser malo y por lo tanto es un ídolo. Esta idea no se encuentra en la Biblia. Más adelante, compartiré un artículo acerca de cómo podemos disfrutar las cosas de este mundo sin idolatrarlas. Pero, por ahora, quisiera que tuviéramos algunas maneras concretas de evaluar si algo realmente es un ídolo o no. 

Una vez más, quiero reiterar: solo porque algo te gusta mucho no significa que es un ídolo para ti. En el artículo anterior definimos un ídolo como aquello a lo que yo entrego mi adoración y confianza en vez de a Dios. Esta definición es coherente con las manifestaciones más concretas de la idolatría (Baal, Asherah) que vemos en el Antiguo Testamento, y con las manifestaciones más abstractas de la idolatría (control, dinero, poder) advertidas en el Nuevo Testamento. 

A continuación te dejo tres formas prácticas de diagnosticar si algo realmente es un ídolo.

1. Los ídolos y tu bienestar

Tim Keller famosamente ha hablado de los ídolos como nuestro “dios funcional”. Con esto se refiere a que buscamos algo para funcionar u operar como nuestro dios, y se ve más marcado cuando hablamos de nuestro bienestar.

En general, la idolatría se ha practicado por personas y culturas que están buscando a cierto “dios” para su provisión, protección, y placer tanto material como espiritual. A final de cuentas, solo Dios es nuestro proveedor y protector. Si nuestra fe está puesta en cualquier otra cosa para nuestra provisión o protección, esa cosa es un ídolo. 

A final de cuentas, solo Dios es nuestro proveedor y protector.

Al hablar de esto, es importante comentar que Dios utiliza medios comunes para proveer lo que necesitamos y protegernos. 

Provisión. Por ejemplo, el trabajo es un medio común que Dios utiliza para proveernos, pero en última instancia Dios es nuestro proveedor y no nuestro trabajo. Esto nos da un enorme consuelo cuando estamos sin trabajo, y aún nos permite hacer nuestro trabajo con integridad porque nuestra confianza no está puesta en él, sino en Dios.

Protección. Dios utiliza el ejercicio, los medicamentos, las casas y puertas con llaves, y aun nuestro sentido común para protegernos. Ahora todos estamos usando mascarilla, y quizás ellas nos protejan del COVID-19. Pero aún si estas cosas nos protegen, nuestra confianza no está en ellas sino en Dios.

Placer. La buena comida nos da placer. También el sexo, el ejercicio, y la buena música, pero a final de cuentas, como dice David acerca de Dios en Salmo 16: “En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra hay deleites para siempre”. Las cosas bellas y preciosas de este mundo son placenteras precisamente con el fin de despertar en nosotros un hambre para algo mayor.

Cuando buscamos provisión únicamente del trabajo, protección solo de mascarillas y puertas con llaves, o buscamos saciarnos por completo con lo placentero de este mundo, convertimos esas cosas buenas en ídolos. Convertimos medios en fines. 

2. Los ídolos y tus metas

Otra forma de revelar nuestros posibles ídolos es evaluar la meta de nuestra vida. Los griegos hablaban del telos, o el fin hacia el cual nuestra vida está dirigida. Uno podría plantear una pregunta diagnóstica así: “¿En qué confías para obtener el fin de tu vida?”.

Esta pregunta tiene dos partes. La primera tiene que ver con lo que consideramos la meta de nuestra vida. El fin de la vida es “la alabanza de Su gloria” (Ef. 1:6) ya que “todo ha sido creado por medio de Él y para Él” (Col. 1:16). Si reducimos nuestro fin o el de los demás a cualquier otro término, ese otro término suele ser un ídolo. A menudo la gente piensa que el fin de su vida es superarse económicamente, vivir tranquilos, ser felices, estar cómodos, tener control de las cosas, y ser morales y bien portados. Estas cosas, aunque en muchos casos son buenas, cuando se vuelven el fin de nuestra vida reemplazan a Dios.

La otra parte de la pregunta es el medio por el cual logramos ese fin. ¿Estamos dando nuestra confianza a algo que no podrá producir lo que solo Dios produce? Quizás confiamos en nuestro estado social y logros, o en nuestra educación, para obtener lo que consideramos el fin de esta vida, pero solo Dios puede producir en nosotros una vida que culmina en su verdadero telos, que también es Dios. Cualquier otra cosa en la que depositamos nuestra confianza para producir en nosotros aquello que es nuestro fin último, es un ídolo.

Cualquier otra cosa en la que depositamos nuestra confianza para producir en nosotros aquello que es nuestro fin último, es un ídolo.

3. Los ídolos y el enojo

Por último, considero que hay una relación íntima entre nuestros ídolos y el enojo. El enojo producido en nosotros, cuando no es por una causa justa, es el resultado de que algo o alguien nos ha negado algo que creemos merecer. Por ejemplo, si alguien se mete en frente de nosotros en el tráfico, y creemos que merecemos un trato mejor, nos enojamos. O si alguien no hace lo que creemos que debe hacer, y creemos que merecemos su atención y quizás aún sumisión, entonces nos enojamos. 

Esto no significa necesariamente que el respeto o el control son nuestro ídolo (aunque es muy probable que lo sean), sino que nosotros mismos nos volvemos el ídolo. Demandamos del mundo un trato que solo Dios merece y nos colocamos en el centro de la adoración de nuestro corazón. Considera, ¿qué te enoja? En muchos casos, ese enojo es síntoma de tu propio egocentrismo e idolatría.

Demandamos del mundo un trato que solo Dios merece.

Conclusión

De nuevo, no todo es un ídolo. Un ídolo es aquello a lo que yo entrego mi adoración y confianza en vez de a Dios. Sin embargo, aunque no todo es un ídolo, todos sí somos idólatras. Poder diagnosticar e identificar a qué le estamos rindiendo adoración y confianza en vez de a Dios es un ejercicio necesario en nuestro caminar con Él.

2 Comments

  1. Edwin Turcios June 2, 2020 at 2:52 am

    Buenas noches Justin. En relación con tu artículo, me parece interesante y atinado. Pero también hay otros ídolos que están presentes en nosotros sin que nos demos cuenta y sin que necesariamente pertenezcan al “mundo” o la “carne”. Hay ídolos religiosos que no son imágenes. Son las tradiciones evangélicas, mayor confianza y fidelidad a una denominación o iglesia local en particular. Se sirve en la iglesia o denominación y para ellas hasta tal grado que han ocupado nuestro corazón más que Dios mismo. Como bien nuestro Señor Jesús le recriminó a los sacerdotes, escribas y fariseos de su tiempo.
    Gracias por tu artículo y por tomarte el tiempo en leer mis pensamientos. Bendiciones.

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  2. Susana June 10, 2020 at 6:45 am

    Muy buen artículo acerca de lo que es la idolatría, pues me edificó bastante, yo en pocas palabras digo que la idolatría es todo aquello que uno pone por encima de Dios

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