¿Cómo debe un cristiano disfrutar las cosas buenas sin caer en idolatría? Esta pregunta parece más compleja de lo que realmente es, y espero poder demostrarlo aquí. 

Ya he mencionado en artículos anteriores el temor que tengo a que podamos volvernos neuróticos con la idolatría, encontrando ídolos metidos en todas las áreas de nuestra vida. Estoy de acuerdo con el veredicto de Calvino de que el corazón humano es una fábrica de ídolos. Al mismo tiempo, es Calvino quien nos ayuda a traer equilibrio al asunto. 

En un librito acerca de la vida cristiana, Calvino dice: “No deberíamos evitar aquellas cosas que parecieran servir a nuestro placer más que nuestra necesidad. En su lugar, deberíamos mantener alguna regla para que podamos usar las cosas de este mundo —ya sea que sirvan a nuestras necesidades o aún a nuestros deleites— con una conciencia pura”.

Esto significa que pueden haber muchas cosas, que simplemente disfrutamos, que son para nuestro deleite y placer. Esto no significa que sean ídolos. Déjame afirmar eso de nuevo: solo porque disfrutas algo, o algo te da cierto deleite o placer, no significa que sea un ídolo para ti. Te recomiendo volver al artículo anterior donde encontrarás preguntas para discernir si algo es un ídolo o no.

Entre estas cosas buenas, podríamos hablar de cosas muy materiales como el trabajo, el dinero, los carros, las casas, y la tecnología. Estas cosas no son malas en sí. También, podríamos incluir cosas inmateriales como el amor, el éxito, y nuestros logros. De nuevo, estas cosas no son malas en sí. El problema sucede cuando llevamos estas cosas a un plano superior que no merecen.

A continuación comparto algunos consejos prácticos que nos puedan ayudar a mantener las cosas buenas en el lugar adecuado.

1. Acepta el diseño de Dios

Dios ha diseñado todas las cosas “para nuestro bien, y no para nuestra ruina”, dice Calvino. Entonces, nuestro afán debería ser utilizar las cosas según su diseño. Las cosas se vuelven ídolos, y nos arruinan, cuando demandamos que hagan algo más allá de su diseño. Nada en esta tierra fue diseñado para saciar nuestro corazón. Eso es algo que solo Dios pude hacer.

¿Cuál es el uso verdadero de las cosas buenas en este mundo? Muy sencillamente, estimular nuestro apetito. Matthew McCollough, en su libro Recuerda la muerte, explica que los placeres de esta vida son como los aperitivos en un banquete. Los aperitivos no existen para saciar nuestra hambre, sino para estimularla sabiendo que algo mejor está por venir. Eso nos lleva a nuestro segundo punto.

2. Medita en el Autor

Como Dios determinó el uso correcto de las cosas, usar las cosas buenas que Dios ha diseñado nos debería llevar a meditar en Él. Algo que es bueno en este mundo es una pequeña sombra de lo bueno que es Dios, ya que estas cosas proceden de Él y ninguna lo supera Él.

C. S. Lewis lo dice mejor:

“Si encuentro en mí mismo un deseo que nada de este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui hecho para otro mundo. Si ninguno de mis placeres terrenales lo satisface, eso no demuestra que el universo es un fraude. Probablemente los placeres terrenales nunca estuvieron destinados a satisfacerlos, sino solo a excitarlos, a sugerir lo auténtico. Si esto es así, debo cuidarme, por un lado, de no despreciar nunca, o desagradecer, estas bendiciones terrenales, y por otro, no confundirlas con aquello otro de lo cual estas son una especie de copia, o eco, o espejismo”.

Usar las cosas buenas que Dios ha diseñado nos debería llevar a meditar en Él.

3. Medita en la muerte

Al mismo tiempo, aunque suene raro, una de las maneras en las que nos protegemos de que las cosas buenas se vuelvan ídolos es meditando en la muerte. Esta es una práctica que los cristianos han tenido por mucho tiempo, memento mori. La muerte aplana la tierra y pone a todas las cosas en la perspectiva correcta.

Este es el punto del autor de Eclesiastés: al ver lo frágil y temporal que es nuestra vida, podemos ver aquellas cosas que somos propensos a idolatrar como vanidad. Las medimos y juzgamos por lo que realmente son: cosas buenas, pero terrenales, incapaces de suplir nuestras necesidades y deseos más profundos.

Calvino dice que, como manera de disfrutar justamente las cosas, “no hay un camino más seguro y confiable que el reproche a esta vida y meditación en la inmortalidad celestial”.

4. Practica el contentamiento

Quizás el paso más difícil de implementar, pero sin duda más seguro, es sencillamente aprender a estar contento con poco. Calvino sugiere como regla la idea de “tener poco” o, en otras palabras, practicar el contentamiento. Él dice: “Aunque en la libertad de los creyentes no podremos establecer reglas fijas, esta regla sí debería aplicar a todos: Se deben consentir muy poco”.

Conclusión

Puedes disfrutar tu trabajo, el ejercicio, una buena comida, y buenos programas de televisión y películas. Solo porque algo te agrade o te haga sentir placer no lo hace malo en sí. Sin embargo, nuestro corazón es propenso a promover esas cosas a un plano superior. Nos resguardamos de eso cuando aplicamos los principios en este artículo. Con esto escrito, me iré a comer una cena deliciosa… y la disfrutaré mucho, sin idolatrarla.

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