El cristiano debe ayudar al necesitado. Esto no es debatido, o por lo menos no debería serlo. Sin embargo, muchas personas, aunque comprometidas con la idea de ayudar al necesitado, no necesariamente lo hacen de manera constructiva. A menudo, los pasos prácticos que toman los ministerios de “ayuda social” crean otros problemas accidentales. Digo accidentales porque las intenciones suelen ser buenas.

Me encantan las ideas plasmadas en el libro, muy reconocido, Cuando Ayudar Hace Daño (Brian Fikkert y Steve Corbett, 2017), al cual hice alusión en el título de este post. Una de las ideas principales que sus autores promueven es que la pobreza no es solo un asunto material. Solemos ver a aquellas personas que viven en pobreza material como si su carencia fuera mucho mayor a la nuestra.

Bryant Myers, citado en el libro, dice: “La pobreza es el resultado de relaciones que no funcionan, que no son justas, que no dan vida, que no son armoniosas ni agradables. La pobreza es la ausencia de shalom [paz absoluta] en todo su significado”.

Solemos ver a aquellas personas que viven en pobreza material como si su carencia fuera mucho mayor a la nuestra.

La pobreza, la necesidad y vulnerabilidad, y la injusticia y opresión, son pecado y también resultado del quebrantamiento que causa el pecado. Esto nos debe llevar a cuestionar profundamente, ¿quién es el pobre? En un sentido, sin menospreciar la pobreza material que muchos enfrentan, todos vivimos los efectos de la pobreza porque todos vivimos las fracturas relacionales causadas por el pecado.

Fikkert y Corbett dicen: “…hasta que no aceptemos nuestro propio quebrantamiento, nuestro trabajo con gente de bajos ingresos probablemente hará más mal que bien”.

En ese sentido, ¿cómo podemos ayudar al necesitado, sin hacer daño? Y presta atención: cuando Fikker y Corbett hablan de hacer daño, no solo se refieren a los que tienen necesidad material… es posible causarte daño a ti mismo también.

1. Ayuda sin pretender ser Dios

Muchas personas, al ayudar al necesitado, implícitamente lo hacen con una actitud de superioridad. Suelen pensar que su “bendición” material es una muestra de que ellos están en una posición superior al necesitado. Cuando esta actitud no es confrontada, creamos terribles patrones de dependencia y de denigración del individuo. Damos a entender que, hasta que otros tengan lo que nosotros tenemos, no serán realmente valiosos como nosotros.

Fikkert y Corbett comentan que muchos ayudan con “un sentimiento de superioridad sutil e inconsciente que nace de la creencia de que han alcanzado su patrimonio por sus propios esfuerzos y que han sido ungidos para decidir qué es lo mejor para los pobres; personas que consideran inferiores a sí mismos”.

2. Ayuda sin denigrar

Al mismo tiempo, aunque no te creas superior, es posible que los métodos empleados denigren a la persona en sí. Cuando consideramos el diseño de Dios del ser humano, entendemos que la Imago Dei con la cual cada ser humano ha sido sellado incluye cierto “paquete” de bienes, independientemente de la situación en la que se encuentre.

Por ser hecha a imagen y semejanza de Dios, cada persona, sin importar lo que tenga en su cuenta bancaria, ha sido dotada con facultades y habilidades para procurar su propio desarrollo. Todos necesitamos el apoyo de otros en ese proceso de desarrollo, pero no que lo hagan en nuestro lugar. De nuevo, Fikkert y Corbett comentan:

“Es imposible reconciliar las relaciones mediante una metodología basada en un proceso estandarizado, donde los extranjeros son los que deciden el ciclo de acción-reflexión para los pobres. Con este proceso, se les niega la oportunidad de ser aquello para lo cual fueron creados por Dios: portadores de Su imagen y semejanza que, por ensayo y error, descubrirán las maravillas de la creación divina”.

3. Ayuda sin omitir la relación

Cuando entendemos que todos estamos quebrantados, y todos estamos en un proceso de desarrollo, podemos ver el daño enorme causado cuando procuramos ayudar sin relacionarnos con el otro. Lastimosamente, pretender ser dioses y denigrar a otros nos hace ver la ayuda por medio de un lente transaccional (“yo te doy y tú recibes”), y no por medio de un lente relacional (“ambos damos y ambos recibimos”).

Pretender ser dioses y denigrar a otros nos hace ver la ayuda por medio de un lente transaccional, y no por medio de un lente relacional.

Además, este proceso a menudo resulta en lo que Fikkert y Corbett llaman “McDesarrollo”, que es simplemente una aplicación de los mismos tipos de programas de forma masiva sin tomar en cuenta a los individuos. Ellos comentan al respecto:

“…una metodología basada en la participación de la gente pobre incluye a los pobres en cada paso del proceso. Les pregunta: «¿Qué piensas?», y valora sus respuestas. Y solo por hacer esta pregunta, esta metodología declara en voz alta: «Creo que tienes valor, conocimiento y buenas ideas. Conoces cosas acerca de tu situación que yo no conozco. Por favor, comparte conmigo algunas de tus ideas. Aprendamos juntos»”.

Sin un contexto de relación, lo más probable es que los que ayudan se endiosarán y los que tienen necesidades materiales serán denigrados. Es en el contexto de las relaciones donde nos conocemos, creamos vínculos de confianza, podemos hacer preguntas difíciles, y compartir profundamente.

Conclusión

No hay mayor afirmación de estos principios que la que hallamos en Santiago 2. Allí hay un gran contexto de opresión entre ricos y pobres, pero Santiago afirma: “Si en verdad ustedes cumplen la ley real conforme a la Escritura: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», bien hacen. Pero si muestran favoritismo, cometen pecado y son hallados culpables por la ley como transgresores” (v. 8-9). No podemos tratar de menos al que tiene escasos recursos materiales, ni tratar de más al que tiene muchos…aún si el que tiene más soy yo.

Por favor, ayudemos al necesitado. Pero a la hora de hacerlo, tengamos mucho cuidado de no hacer daño.

2 Comments

  1. Jorge arriola July 2, 2020 at 2:24 pm

    Wow!! Increíblemente bueno!!!

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  2. Priscila Avendaño July 25, 2020 at 3:26 am

    😍😍 gracias por ser de bendición

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