Nos encontramos en medio de una crisis que casi se parece al Armagedón. Salgo de mi casa en Guatemala y todos están distantes, sin contacto visual, con mascarillas puestas, moviéndose lo más rápido posible como si el aire que respiramos pudiera estar envenenado. 

En medio de este tipo de crisis, muchos podrían tender a una mentalidad de “no seas tan apocalíptico, ten en cuenta lo que realmente es verdad y lo que importa”. Sin embargo, sin que ellos lo sepan, lo que realmente es “verdadero e importante” es la esencia misma de ser apocalíptico.

Esta idea la tomé prestada de Eugene Peterson. En su libro, El pastor contemplativo, Peterson argumenta que el apocalipsis, en su definición más simple, significa revelación. Él comenta que la responsabilidad de los líderes de la iglesia es ayudar a la congregación a ver sus circunstancias a la luz de lo revelado, y no ver lo revelado a la luz de sus circunstancias.

Lo que fue revelado por Dios es la verdadera realidad. Esto es lo que hizo Juan cuando escribió Apocalipsis a los cristianos perseguidos hace miles de años. Les recordó que sus circunstancias trágicas no dictan la verdad. Dios vencerá porque Cristo resucitó de la muerte.

Peterson afirma: “Bajo la crisis de persecución y bajo la urgencia de un fin inminente, la realidad se revela de repente por lo que es. Habíamos supuesto que nuestras vidas eran tan ordinarias. Los hábitos pecaminosos reducen nuestra fe a un moralismo farisaico y un aburrimiento respetable; luego la crisis desgarra la apariencia de cliché de las rutinas cotidianas y revela los esplendores y terrores, uno a la par del otro, del cielo y el infierno”.

Creo que muchos están experimentando algo similar en este momento. La verdad del asunto es que aquellos que están en Cristo deben luchar diariamente contra la tentación de permitir que las circunstancias dicten la verdad y no lo que ha sido revelado.

Si solo prestamos atención a lo que es visible, esta crisis es digna de nuestro miedo. En cambio, si prestamos atención a lo que Dios reveló, lo apocalíptico, recordamos que Cristo ha resucitado y que la muerte y la enfermedad serán destruidas. En ese sentido, la mayor esperanza que podemos proporcionar al mundo está encarnada en que somos apocalípticos, comprometiéndonos completamente a depender de lo revelado.

¿Qué significa ser apocalíptico?

Ser apocalíptico, en última instancia, es ser extremadamente bíblico. Es comprometernos con la verdad y ordenar nuestras vidas, pensamientos y emociones bajo lo que Dios reveló. Entonces, ¿cómo se ve esto en la práctica?

Ser apocalíptico, en última instancia, es ser extremadamente bíblico.

1. Prioridades apocalípticas

Las prioridades apocalípticas son prioridades arraigadas en lo que Dios nos muestra en su Palabra. 

Esta crisis, a pesar de su enorme tragedia, nos obliga a considerar nuestras prioridades. Incapaces de reunirse para adorar los domingos, muchos han tenido que sacar sus Biblias y leer por su propia cuenta, y han reunido a sus familias alrededor del comedor para orar.

Sin la capacidad de trabajar al mismo ritmo, muchos han reencontrado la belleza de invertir en la amistad y la familia, o incluso la posibilidad de un tiempo de oración que perdura más allá del tiempo designado.

Sin prioridades apocalípticas, los seguidores de Jesús pueden dejarse llevar por las corrientes de pensamiento de este mundo y abrazar sus valores y prioridades, en lugar de ser un pueblo subversivo y viviendo a la luz de la resurrección, que no está dispuesto a arrodillarse ante los dioses de este mundo.

2. Lamento apocalíptico

A pesar de lo dicho anteriormente, para algunos estos días no han sido un recordatorio refrescante de lo que realmente importa, sino un símbolo de lo que les falta. Hay quienes se enfrentan a una soledad extrema o son paralizados por el miedo, mientras otros se enfrentan a las heridas que sigue causando la muerte

Lo que Dios ha revelado nos recuerda que el mundo no es como debería ser ni como algún día será. Ser fiel a la revelación significa que lloraremos con nuestros hermanos y hermanas en un mundo herido, clamando a Dios: “¿Hasta cuándo, oh Señor?” (Hab. 1:2).

Ser apocalíptico no es ignorar el quebrantamiento con miras hacia un futuro utópico, sino reconocer el quebrantamiento en toda su fealdad.

Lo que Dios ha revelado nos recuerda que el mundo no es como debería ser ni como algún día será.

3. Esperanza apocalíptica

Finalmente, cuando somos apocalípticos el lamento se convierte en esperanza. Lo que parece ser el final en realidad no lo es. Llegará la primavera y brotarán las semillas de la resurrección. Cristo regresará y pondrá todo en orden, enjugando cada lágrima y destruyendo la enfermedad y la muerte para siempre.

En última instancia, ser apocalíptico es enfrentar la crisis siendo fiel a la Palabra de Dios, arraigando todas nuestras prioridades, nuestro sufrimiento y dolor, en el mensaje del evangelio, sabiendo que Cristo ha vencido y volverá.

1 Comment

  1. Gabriel Colman May 9, 2020 at 11:37 am

    Excelente propuesta para forjar en nuestras vidas la perspectiva bíblica hacia un mundo convulsionado, en tiempos como estos.

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