“El descanso es para los débiles”, o así dice el dicho popular.

Una vez, hace unos años, estaba sentado a la hora del almuerzo con un hombre de nuestra iglesia y le pregunté cómo estaba. Él respondió: “Estoy cansado, pero no voy a decir que lo estoy porque todos están cansados”.

¿Cómo llegamos este punto? A menudo, nuestra cultura está impulsada por la ambición, y esta nos lleva a la adicción al trabajo, lo cual resulta en agotamiento. En muchos casos, no queremos aceptar los límites que Dios nos ha impuesto como seres humanos. Preferimos pasarlos por alto, quemando la vela por las dos puntas (como dice el refrán), esperando producir un poco más. En algún momento debemos detenernos para evaluar si nuestro impulso incesante nace de la mentira edénica de que podemos ser como Dios.

DESCANSO SABÁTICO

Sin embargo, Dios nos ha dado un mecanismo maravilloso para proteger nuestros corazones y cuerpos de las consecuencias de este estilo de vida. Practicar el descanso sabático no es solo una buena idea, sino una práctica integrada en los Diez Mandamientos. Como creyentes, vemos la mayoría de los Diez Mandamientos como obligaciones morales, pero por alguna razón consideramos el sábado como si no lo fuera.

Desde la creación, Dios nos ha demostrado un ritmo necesario para recordar a nuestros corazones y cuerpos inquietos que Él es quien gobierna todas las cosas, incluso mientras descansamos.

En nuestra familia, el lunes es nuestro día de descanso sabático (esto puede variar dependiendo de cuán estricto sea uno en cuanto al sábado, pero este no es el espacio para profundizar en esos temas). Ese día nos enfocamos en tres principios centrales.

1. Deleite EN DIOS

Por encima de todo, el sábado es para Dios, no para nosotros. Es tiempo que apartamos específicamente para Él, para honrarlo, estar con Él y disfrutarlo. El descanso sabático es una oportunidad para recordarle a nuestros corazones intranquilos que, en palabras de Agustín, permanecerán inquietos hasta que descansen en El.

El trabajo nunca llenará nuestros corazones. Logros y éxitos, estos placeres fugaces, no pueden llenar el vacío del tamaño de Dios que existe en nuestros corazones. Deleitarnos en Dios en el día de reposo es un recordatorio semanal de que solo Él realmente puede suplir nuestras necesidades y satisfacerlas.

Uno de mis versos favoritos para meditar durante el descanso sabático es el Salmo 16:5: “Señor, tú eres mi porción y mi copa de bendición; Tú sostienes mi futuro”.

Deleitarnos en Dios en el día de reposo es un recordatorio semanal de que solo Él realmente puede suplir nuestras necesidades.

2. Deleite EN OTROS

A menudo llamamos descanso sabático a nuestro día familiar. Este es un día en el que queremos estar intencionalmente juntos, escucharnos, cuidarnos, jugar juntos, cocinar juntos y realizar cualquier otra idea loca que se nos ocurra.

La prisa del trabajo a menudo nos empuja a valorar aquello que no es eterno. Solemos preferir las tareas a las personas. Una de las lecciones más difíciles para mí es que las tareas no son hechas a imagen de Dios, sino las personas. Aquellos que merecen mi atención, mis oídos, mi tiempo y mi energía son aquellos que fueron creados por Dios a su imagen. El descanso sabático es una oportunidad maravillosa para invertir en quienes me rodean, específicamente en mi familia.

C. S. Lewis ha dicho: “nunca has hablado con un mero mortal”. El descanso sabático nos permite restablecer nuestras mentes y corazones, desconectarnos de nuestros dispositivos mortales y la letanía de conversaciones mortales que los llenan, y pasar tiempo invirtiendo en inmortales.

3. Deleite EN LA CREACIÓN

Finalmente, el descanso sabático es un regalo de Dios para disfrutar de su generosidad en la creación, tanto en la naturaleza como en la creatividad humana. Es sorprendente considerar que Dios hizo Su creación tan hermosa por pura generosidad. Podemos disfrutar de paisajes maravillosos, la complejidad de la naturaleza, y la belleza de una rosa, todo porque Dios es muy amoroso con nosotros.

El descanso sabático nos permite disfrutar del placer que Dios ha integrado en la creación. Podemos tomarnos un momento para disfrutar de un paseo por el bosque, salir y jugar en el parque, sudar haciendo algo de ejercicio o incluso ver una película. Estas cosas son el resultado de la creatividad de Dios en la naturaleza y en la humanidad.

DESCANSO PARA LOS DÉBILES

Estoy de acuerdo con que el descanso es para los débiles, precisamente porque son los débiles los que acceden a lo que la cultura demanda de ellos sin darse cuenta de cuánto necesitan descansar. Se requiere un gran esfuerzo para luchar contra el status quo (que quiere que hagamos más y produzcamos más), para detenernos y apreciar la bendición del descanso.

Al mismo tiempo, nuestra necesidad de descansar se debe precisamente a que somos débiles. Y no descansar no te hace menos débil. Al contrario, a menudo aumenta la debilidad.

Nuestra necesidad de descansar se debe precisamente a que somos débiles.

¿Practicas un descanso sabático? Si no, ciertamente deberías. No solo porque es bueno para ti, sino porque Dios quiere que lo hagas.

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