Mencioné en la primera entrada de esta serie que estaremos viendo dos dicotomías que son obstáculos a nuestro entendimiento del rol de la iglesia en el servicio al necesitado. Esta es la primera, y la más técnica. He planteado la pregunta en el título: “El alma y el cuerpo: ¿Qué importa más?”. Para la mayoría de los cristianos, a primera vista, la respuesta es fácil. Espero que después de leer este artículo consideres la complejidad de la pregunta. 

Me fascina C.S. Lewis. Sin embargo, hay una cita equivocadamente atribuida a él. Dice algo parecido a esto: “Tú no tienes un alma; eres un alma, y tienes un cuerpo”. Este tipo de idea genera una falsa dicotomía que muchos de nosotros hemos abrazado sin mayor evaluación. Es propia del gnosticismo y la filosofía platónica, que da preferencia y prioridad al mundo de la ideas sobre el mundo material. Esta idea también es conocida como dualismo. A menudo los cristianos han leído la Biblia por medio de lentes dualistas y no por lentes cristianos.

Tal comprensión ha tenido un enorme impacto entre creyentes. Por ejemplo, al hacernos pensar que toda nuestra obra es únicamente la predicación, y asegurar así que todas las personas logren escapar de esta tierra maldecida con el fin de irnos al cielo. 

Sin embargo, esta idea dualista no procede de la Biblia. Todo lo contrario, en la Biblia frecuentemente vemos una integración entre lo material y lo espiritual. 

La creación

Dios creó al hombre con un cuerpo material, y Él le proveyó un huerto muy material, del cual el hombre podría tomar para saciar todas sus necesidades. Dios le comisionó, antes de que entrara el pecado, a trabajar en este huerto material, con sus manos materiales, para producir y cultivar más cosas materiales. Lo material es parte de nuestro diseño original. 

“Pero Dios hizo el hombre a su imagen y semejanza”, señalan algunos para reducir la importancia del cuerpo (Dios no tiene cuerpo, Él es espíritu). Claro, Dios no tiene un cuerpo, pero ser a imagen y semejanza de Él no significa que todos nos parecemos a Él en lo visible, sino que nuestra existencia refleja elementos de su naturaleza. Es semejanza, no igualdad. Podemos ser semejantes a Él en ciertos elementos aunque no tengamos la misma apariencia. Nada en el texto nos da a entender que Dios creó el espíritu a su imagen, pero el cuerpo no. Eso sería eiségesis sobre la base de una filosofía dualista. Dios mismo creó el mundo material, y Él ha diseñado el alma para el cuerpo y viceversa.

Además, vemos que la existencia del hombre, aunque es completamente corporal, no se puede desvincular de su existencia espiritual. De hecho, nosotros no podemos distinguir entre nuestros afectos siendo realmente estimulados por amor a Cristo y las sensaciones emocionales y corporales que acompañan a eso. David expresa a menudo en los Salmos que el pecado cometido afecta su cuerpo físicamente. No podemos desconectar los efectos espirituales del cáncer del mismo cáncer, que es corporal. Simplemente, el hombre nunca vive una existencia únicamente corporal o únicamente espiritual. 

La encarnación

No podemos ignorar el hecho de que Cristo se encarnó. Si el fin de Dios era únicamente salvar nuestras almas e ignorar lo material, seguro que la encarnación no era tan crucial. Quizá solo la entendemos como una muestra de lo interesado que está Dios en identificarse con nosotros.

Sin embargo, Cristo también resucitó de manera corporal, y esa es la esperanza que tenemos de una resurrección corporal. El argumento entero de Pablo en 1 Corintios 15 enfatiza que Cristo resucitó en cuerpo, y por lo tanto nuestra esperanza es que «se siembra un cuerpo corruptible, se resucita un cuerpo incorruptible…” (1 Cor. 15:42).

Cristo vino a este mundo y tuvo una existencia completamente corporal. Él vivió 30 años sin haber iniciado su ministerio. Él lloró, durmió, comió, trabajó. Todo lo que conlleva ser humano, Él lo vivió sin pecado. Dios creó la existencia corporal, y por lo tanto la existencia corporal le importa a Dios, tanto que Cristo mismo vino y vivió así por 33 años en la tierra y por toda la eternidad en la Nueva Jerusalén. 

Herman Bavinck, teólogo Holandés, argumentó lo siguiente:

“[Dios es] creador del mundo material, lo cual puede ser llamado su revelación o manifestación. Esta revelación llega a su clímax en la encarnación, y nos enseña que el espíritu humano fue diseñado para el cuerpo y su manifestación”.

La encarnación de Dios no fue, entonces, únicamente un paso de empatía de parte de Dios, sino que fue un próximo paso en la creación y la redención de todas las cosas. Dios se reveló en la creación, y también Dios se reveló en un cuerpo. Bavinck argumenta que esto es “prueba de que el cuerpo humano es un componente esencial de la imagen de Dios”. 

El ministerio de Jesús

El ministerio entero de Jesús fue uno tanto de elementos espirituales como materiales. Jesús en ningún momento dejó de predicar ni dejo de sanar. Al contrario, Él predicaba la venida del reino de los cielos, y luego manifestaba la llegada de ese reino por medio de milagros y sanidad.

A Jesús le conmovía la condición física de las personas, no simplemente porque estaban sufriendo, sino porque toda la creación ha sido afectada por el pecado. La enfermedad es una distorsión de la creación de Dios. Jesús también se preocupó por el hambre de las personas, por lo menos en dos ocasiones cuando alimentó a los 5,000 y a los 4,000.

Solo piensa en que Jesús le coloca de nuevo la oreja de uno de los soldados que le estaba arrestando. Si su misión solo involucró las almas de las personas, ¿por qué detener todo ese momento climático para sanar físicamente a su enemigo, horas antes de que ese enemigo probablemente participara en su crucifixión brutal?

La iglesia como el cuerpo de Cristo

Por último, en este asunto siempre me es fascinante que la iglesia sea llamada el cuerpo de Cristo. Nosotros, hoy en día, somos la manifestación visible de la obra y presencia de Cristo.

Entiendo que tenemos que tener cuidado con este tipo de lenguaje, porque fácilmente podemos caer en la teología de liberación. El punto no es que nuestra presencia u obra sea salvífica en sí misma, sino que nuestra presencia manifiesta y revela algo acerca de la obra salvífica llevada a cabo por Cristo. Nuestra presencia, la manera en que vivimos corporativamente en este mundo, debería ser como si Cristo estuviera viviendo corporalmente en este mundo.

Es decir, cuando la iglesia está reunida en cierto lugar, debe vivir en comunión como la manifestación corporal de Cristo que es. A medida que somos conformados más y más a Jesús, nuestro testimonio corporativo se parece más y más al ministerio de Jesús. 

Conclusión

Tal vez estás confundido con la terminología, o no lograste seguir los argumentos. Aquí te resumo lo que yo creo que es la enseñanza clara de la Biblia: ¡A Dios le importa tanto las almas de las personas como sus cuerpos! Para Él, no se trata de dos partes contrarias, sino de elementos unidos.

Esto tiene implicaciones enormes para nuestro ministerio. No reduce la importancia de la predicación, aún es prioridad. Pero tampoco nos deja ignorar lo material. Ya que Dios ama lo material y lo ha creado, tenemos el deber de también amar y cuidar de lo material.

Terminaré con una cita de Francis Schaeffer, el dice lo siguiente: «El señorío de Cristo sobre toda la vida significa que no hay areas platónicas en el cristianismo, ni dicotomías ni jerarquías entre el cuerpo o el alma. Dios hizo tanto el cuerpo como el alma, y la redención es para el hombre entero.»

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