Sí, me refiero a mí. Me cuesta amar. No es que no amo, pero seguramente no amo como debería. Para ser más preciso, me cuesta mucho expresar amor. En general, soy una persona que ama muy profundamente, pero soy malo en demostrarlo. Solo pregúntale a mi esposa, a quien amo con todo mi corazón. En estos últimos meses el Señor ha tratado conmigo sobre este asunto.

¿Qué es el amor?

Tal vez esta es la pregunta clave. Parte de la razón por la que tanto me ha costado identificar mi falta de amor es la definición que he manejado de éste. Siempre me ha gustado mucho como C. S. Lewis lo define:

“El amor no es un sentimiento de cariño, sino un deseo constante por el bien supremo del ser amado, hasta donde este pueda alcanzarse”.

Me sigue gustando esta definición, pero creo que carece de algo importante: no dice nada acerca de cómo es que el amor se expresa. Por lo tanto, puedo desear el bien supremo de alguien, y hasta puedo intentar alcanzarlo, pero de una forma no amorosa. En cambio, la Biblia nos da algunas características mucho más puntuales en cuanto al amor.

El amor y el fruto del Espíritu

Veamos Gálatas 5:22-23:

“Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley”.

Cuando veo el listado del fruto del Espíritu, fidelidad y dominio propio brincan de la página para mí. Suelo ser una persona fiel. Lo que digo es lo que hago. También suelo tener mucho dominio propio. Esto me recuerda que es fácil para nosotros reducir nuestra madurez a aquellos frutos del Espíritu que nos resultan más sencillos de practicar.

Jerry Bridges, en su libro The Fruitful Life, dice lo siguiente: “El carácter piadoso es equilibrado. Demuestra con un énfasis igual el espectro entero de las gracias que las Escrituras nos muestran como características de una persona piadosa”. Osea, no es suficiente decir: “soy fiel y tengo dominio propio, tengo el fruto del Espíritu”.

Si te das cuenta, amor es lo primero que se menciona. En cierto sentido, el amor es la cualidad que gobierna a las demás. Los otros frutos, en diferentes ámbitos, son maneras en las cuales se manifiestan nuestro amor por Dios y por el prójimo. Así que puedo anhelar el bien supremo para mi prójimo, pero si no he sido paciente, ni benigno (gentil), he carecido de amor.

Así que puedo anhelar el bien supremo para mi prójimo, pero si no he sido paciente, ni benigno (gentil), he carecido de amor.

El amor y 1 Corintios 13

Veamos también 1 Corintios 13:4-7:

“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante. No se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido. El amor no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Tal vez este sea el pasaje más famoso sobre el amor. Una vez más, para muchos de nosotros algunas de estas características son más fáciles de mostrar. Pablo dice que el amor se alegra con la verdad. Yo también amo la verdad. Una de las maneras en las que muestro amor es con un celo por la verdad. Pero si mi celo por la verdad no es equilibrado con paciencia y una expresión bondadosa, ¿será que estoy amando?

O aún peor, ¿cómo sé si el bien supremo que quiero ayudar a alcanzar a mi prójimo es realmente el bien supremo para él? Es fácil asumir que sabemos lo que alguien necesita, pero prejuzgar la situación es una manera de “buscar lo mío”.

Tal vez ya has hecho el ejercicio, pero te animo a quitar la palabra “amor” en este pasaje y reemplazarla con tu propio nombre. Cuando lo ves así, ¿te cuesta amar?

El Amor vive en mí

En el centro de nuestro problema no está únicamente una falta de expresión. También hay egocentrismo. No nos gusta que nuestra expresión de amor esté sujeta a los caprichos de los demás. Así que lo que necesito cambiar no es solo mi expresión de amor. Necesito un cambio más profundo.

Lo que necesito cambiar no es solo mi expresión de amor. Necesito un cambio más profundo.

Lo precioso, y lo único que realmente me da esperanza, es que Pablo no llama el listado en Gálatas 5 “el fruto de tu esfuerzo”. Pablo dice que es “el fruto del Espíritu”.

Nota lo que dice Pablo en Romanos 8:9-11

“Sin embargo, ustedes no están en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes. Pero si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él. Y si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo (es vida) a causa de la justicia. Pero si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de Su Espíritu que habita en ustedes”.

El fruto que quiero mostrar viene del Espíritu. Y ese Espíritu vive en mí. Ese es el mismo Espíritu que resucitó a Jesús. Todo el poder de Dios está en mí. Pero no solo eso, Juan nos recuerda que “Dios es Amor” (1 Jn. 4:8). Por lo tanto, Dios — el amor — está en mí. A medida que nos sujetamos a Él, Él produce en nosotros lo que le agrada.

¿Y a ti? ¿Te cuesta amar?

1 Comment

  1. Angélica febrero 26, 2019 at 2:41 pm

    Espectacular!!! Gracias Señor por este blog.

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