Muchos han criticado a la iglesia por no estar suficientemente involucrada en los problemas sociales del mundo. Otros la han abandonado por un activismo que ayuda en los asuntos materiales pero que ignora ciertos aspectos que la Biblia demanda. Sinceramente, muchas iglesias han perdido su misión. Es muy fácil caer en la trampa de creer que porque tenemos más actividades estamos cumpliendo con la misión.

Lastimosamente, carecemos de prácticas concretas de evaluación para medir esto. Considero que corresponde a los líderes misionales generarlas, y sugiero tres preguntas para iniciar:

1.¿Cuál es la misión?

Tal vez es una pregunta obvia, pero debemos repetirla. Solemos olvidar por qué existimos. Nuestra misión nace de la misión de Dios. Por lo tanto, no se trata simplemente de algo interesante que se nos ha ocurrido, sino que es parte de lo que Dios ha estado haciendo a lo largo de la historia.

Esta pregunta es el “¿para qué?”: ¿Para qué existe la iglesia? Existe para hacer discípulos que obedezcan a Jesús como ministros de reconciliación. Esta afirmación de nuestra misión como iglesia nace de pasajes como Mateo 28:18-20 y 2 Corintios 5:18-20.

2. ¿Cómo la vamos a lograr?

Aunque tengamos claro cuál es nuestra misión, también debemos evaluar nuestra metodología. En muchas iglesias existe una gran brecha entre “la misión” y lo que sus actividades realmente logran. Las vemos ocupadas día y noche con actividades, pero con muy pocos discípulos reales.

Nuestros métodos deben servir a la misión. Si sirven para algún otro fin nos desviaremos. Tal vez disfrutemos lo que hacemos, y aún los demás lo hagan, pero eso no significa que hayamos sido eficaces en cumplir la misión. Las sonrisas en las caras de la gente no son un buen parámetro de evaluación.

3. ¿Cuál es mi rol?

La última pregunta que debemos contestar es acerca de nuestro propio rol como líderes. Aquí sugiero tres aspectos a considerar.

Mantener la misión central

Sé cruel con la misión, este es el título de un libro que me llama mucho la atención y es bastante sugerente. Obviamente no quiere decir que debemos ser crueles de manera pecaminosa. En cambio, se trata de ser agresivos en asegurar que la misión se mantenga en el centro.

Esto es urgente. Según Francis Chan, “nuestro mayor temor no debería ser el fracaso, sino tener éxito en cosas que no importan”. Para esto necesitamos mantener la misión como algo central. Debemos recordar constantemente a nuestra gente la misión: predica, celebra, imprime, publica, graba en videos…haz lo que tengas que hacer para mantener la misión central.

Verifica la metodología

Como líderes, es nuestra responsabilidad asegurar que todo lo que sucede bajo nuestra supervisión cumpla con la misión. Debemos pasar cada actividad, programa, y evento por el microscopio de la misión, para asegurarnos que en todos sus detalles ayuda a alcanzarla.

Evalúa tu liderazgo

Además, es imperativo que vivas la misión y no solo hables de ella y la protejas. Como pastores, es más fácil crear un programa y ofrecer entrenamiento, que ser un ejemplo de vida misional. No podemos simplemente hablar de lo que se debe hacer. Debemos hacerlo. De lo contrario, nuestras palabras serán vacías. A veces, esto significa cerrar la boca por un tiempo y cruzar la calle para conocer a nuestro vecino.

Preguntas como las anteriores nos ayudarán a no perder la misión de vista. A final de cuentas, es la misión de Dios y nosotros somos bendecidos para participar en ella.

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