Hoy en día, hablando de diferencias doctrinales, o aún de enseñanzas aberrantes, suele escucharse la frase: “no juzgues”. Muchas personas ven el señalamiento de diferencias doctrinales o la exposición de falsa enseñanzas como algo que amenaza la unidad de la iglesia.

La iglesia siempre ha tenido que luchar arduamente para preservar la doctrina correcta. Considerando la historia, estamos parados sobre los hombros de grandes hombres y mujeres que han peleado por la fe. Algunos han dado su vida y enfrentado grandes conspiraciones, con el fin de preservar lo que la Biblia enseña acerca de muchos asuntos.

Sin embargo, siguen existiendo falsos maestros. La teología de la prosperidad, en particular, es una manifestación contemporánea de estas amenazas teológicas. Por lo tanto, la pregunta sigue vigente siglos después de los primeros concilios: ¿debemos juzgar la doctrina de otros?

La iglesia siempre ha tenido que luchar arduamente para preservar la doctrina correcta.

¿A qué te refieres con juzgar?

La pregunta gira más en torno a qué nos referimos con la palabra juzgar. Vivimos en una época de muchos adolescentes espirituales que encuentran en Google un par de citas de Charles Spurgeon y las empiezan a lanzar con su escopeta teológica. Quieren exponer a los falsos maestros, y demostrar las falacias y las herejías de muchos predicadores. Este juicio de la doctrina no es sano ni tampoco ayuda a la iglesia.

Vivimos en una época de muchos adolescentes espirituales que encuentran en Google un par de citas de Charles Spurgeon y las empiezan a lanzar con su escopeta teológica.

Por alguna razón, en el ámbito cristiano coloquial, usamos la palabra juzgar de diferentes maneras. Uno de los usos principales que entendemos de juzgar es el de “criticar o encontrar fallas”. Este uso se parece mucho al de la palabra condenar. Se utiliza como si juzgar a alguien o su doctrina es un proceso malicioso donde el juez busca minuciosamente hasta hallar cualquier error por el simple placer de exponerlos y denunciarlos abiertamente. Por otra parte, muchos piensan que juzgar se refiere a inferir motivos o información de alguien sin jamás confirmarlos.

Pero la Biblia no acepta esta definición tan estrecha de juzgar. El cristianismo es una religión basada en palabras (algunos estarán escandalizados porque use la palabra religión, sin realmente saber qué significa religión.)

Juzgar es evaluar y comparar según un estándar

La palabra que usa la Biblia en referencia al juicio es krino. Es usada de múltiples formas. En general, tiene que ver con un proceso racional que determina la veracidad o certeza de algo o alguien:

  • Expresar una opinión acerca de algo o alguien (Mt. 7:1).
  • Criticar o encontrar fallas en otro (Ro. 2:1; este es uno de los usos típicos que le damos).
  • Tomar una postura viendo varios factores (considerar, pensar, analizar).
  • Llegar a una conclusión después de un proceso cognitivo.

A lo largo de la Biblia y su uso en el español, la palabra juzgar implica emitir una opinión acerca de algo. Esto incluye un proceso de evaluación honesta, pesando la evidencia a favor y en contra.

A lo largo de la Biblia y su uso en el español, la palabra juzgar implica emitir una opinión acerca de algo.

Lo que sí debemos hacer: evaluar todo

Si queremos usar la palabra juzgar o no, eso es tema de otro debate, aunque creo que perdemos mucho al permitir que las palabras cambien en su significado según caprichos culturales. Lo que sí deberíamos hacer es evaluar toda enseñanza a la luz de la autoridad de las Escrituras.

Dos pasajes importantes nos recuerdan esto.

Gálatas 1:8:

“Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, les anunciara otro evangelio contrario al que les hemos anunciado, sea anatema (maldito)”.

Pablo da por sentado que los Gálatas evaluarán toda enseñanza comparándola con el estándar de la Palabra de Dios. El evangelio anunciado por Pablo no es “su perspectiva del evangelio”, sino que es autoritario, ya que fue inspirado por el Espíritu Santo.

Pablo da por sentado que los Gálatas evaluarán toda enseñanza comparándola con el estándar de la Palabra de Dios.

Igual que los Gálatas, necesitamos estar alertas para asegurar que lo que se esté enseñando en la iglesia, independiente de la persona que lo esté enseñando, esté firmemente arraigado en las Escrituras.

Hechos 17:10-11:

“Enseguida los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas a Berea, los cuales, al llegar, fueron a la sinagoga de los Judíos. Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así”.

Los bereanos son un buen ejemplo de esta actitud. Ellos tenían las Escrituras en mano evaluando si lo que Pablo (el apóstol de Cristo y autor del 50% del Nuevo Testamento) les decía concordaba con las Escrituras.

Conclusión

Si con juzgar queremos decir que debemos evaluar honestamente y exponer enseñanzas que no cuadran con la Palabra, entonces sí, debemos juzgar la doctrina de otros.

Pero si con juzgar nos referimos a buscar maliciosamente cualquier falla de alguien, porque no nos cae bien o porque no es parte de nuestra tribu teológica, y tacharlo de falso maestro, al hacer eso estaremos haciendo más daño a la unidad de la iglesia que ayudando.

Pero, ¿cómo lo hacemos bien entonces? ¿Cómo juzgar correctamente la doctrina de otros? Hablaré de eso en el próximo artículo.

1 Comment

  1. Moisés Moreno enero 11, 2019 at 8:08 am

    Excelente artículo. Me encantó cómo abordaste el tema sin verte muy agresivo. Hace falta más lectura bíblica y teológica para crecer espiritualmente.

    Bendiciones

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