Arrepentimiento. Muchos hemos escuchado esta palabra, pero no todos saben qué significa.

El arrepentimiento genuino no es solo sentirte triste por tu fracaso o mal por algo que hiciste. Hoy en día, muchos utilizamos esta palabra de forma ligera: “Me arrepentí de haber comido en la calle”, “me arrepentí de haber salido con tal persona”. Pero en la Biblia, el arrepentimiento genuino se trata principalmente de dar alabanza, gloria, y lealtad a Dios como el objeto de mayor valor, gloria, y majestad.

Cuando los profetas del Antiguo Testamento, por ejemplo, piden al pueblo de Israel que se arrepienta, en muchos de los casos el problema es que ellos habían dado su adoración y lealtad a otros dioses. El arrepentimiento es un llamado a reconocer el pecado como Dios lo ve, como algo vil y rebelión contra Él. Es un llamado a volver a Dios, darle adoración y gloria en el trono de nuestra vida y corazón.

El teólogo Louis Berkhof identifica tres componentes en el arrepentimiento, que podríamos llamar cabeza, corazón, y manos. Hablemos un poco más de ellos para conocer mejor en qué consiste un arrepentimiento genuino.

1. El arrepentimiento genuino y la cabeza

En el nivel de nuestra cabeza, tenemos que entender y aceptar la grandeza de nuestro pecado. No solo sentirnos mal, sino reconocer la verdad de que estamos en rebelión contra el Señor. Esto sucede cuando entendemos la santidad de Dios.

Muchos de nosotros creemos que nuestro pecado no es tan grande ni tan malo porque lo podemos justificar. Pensamos que si tenemos una buena razón para pecar, entonces está bien que pequemos. O pensamos que nuestro pecado no es tan grande porque nos comparamos con otras personas que hacen cosas peores: “por lo menos no soy sicario…”.

El problema allí es que estamos evaluando el pecado con un estándar incorrecto. Cuando evaluamos nuestro pecado según la Palabra de Dios, vemos la santidad y perfección de Dios, y vemos la grandeza de nuestro pecado.

Cuando evaluamos nuestro pecado según la Palabra de Dios, vemos la santidad y perfección de Dios, y vemos la grandeza de nuestro pecado.

El arrepentimiento inicia con aceptar en nuestra mente que nuestro pecado es una ofensa y rebelión contra Dios.

2. El arrepentimiento genuino y el corazón

En el nivel de nuestro corazón, nuestra traición a Dios nos debe causar tristeza y quebrantamiento emocional. El arrepentimiento contiene cierto dolor y peso emocional porque hemos ofendido a Dios.

En 2 Corintios 7 Pablo habla de la diferencia entre el arrepentimiento genuino y la tristeza del mundo. La tristeza del mundo es simplemente sentirte mal por tu reputación, por cómo las personas ahora te miran, porque te descubrieron en pecado, porque ya no puedes aprovechar el pecado como lo estabas haciendo antes. Es una tristeza superficial que se trata de uno mismo… una tristeza en la cual yo soy el centro. El problema aquí es que el pecado existe precisamente porque yo era el centro de él. Si también soy el centro de mi tristeza por el pecado, eso entonces no es un arrepentimiento genuino.

El arrepentimiento en el nivel del corazón es una tristeza profunda y genuina que reconoce que hemos ofendido a Dios, nuestro buen Padre. Nos duele la rebelión en su contra. Nos quebranta saber que hemos decepcionado y traicionado al Dios creador del mundo.

Este tipo de arrepentimiento reconoce que el principal agraviado por mi pecado es Dios. Vemos un ejemplo de esto en el Salmo 51. Después de cometer adulterio con Betsabé y matar su esposo, David escribe al Señor: “he pecado contra ti y solo contra ti”. Muestra un remordimiento, una tristeza, con Dios en el centro.

3. El arrepentimiento genuino y las manos

Por último, en el nivel de nuestras manos nos referimos a un cambio en nuestras obras. El arrepentimiento genuino no es solo reconocer la maldad de lo que hemos hecho. También es dar la vuelta desde mi pecado hacia Dios. Se trata de volver a adorar y glorificar a Dios, en vez de estar adorando y glorificando al ídolo que antes perseguía.

Presta atención a lo que Cristo dice en Mateo 5:29-30:

“Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno”.

Un arrepentimiento genuino tomará tan en serio la amenaza de un pecado futuro, que hará cambios en su vida presente para evitarlo.

Un arrepentimiento genuino tomará tan en serio la amenaza de un pecado futuro, que hará cambios en su vida presente para evitarlo.

Considerando estos tres componentes, podemos ver que el arrepentimiento genuino consiste en un reconocimiento intelectual de nuestro pecado, una respuesta emocional hacia él, y en cambios prácticos para evitarlo en el futuro. Estas son las marcas de un arrepentimiento real. Oremos pidiendo que esto sea evidente en nosotros.

1 Comment

  1. Nairobi julio 5, 2019 at 8:58 pm

    Amen, así es, debemos reconocer que estamos mal pero, también debemos actuar en consonante a eso y no solo quedarnos en el lamento; mostrarnos de una manera sincera ante el Padre cuando nos damos cuenta. Dios te guarde, gracias por compartir la reflexión.

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