Crecí en un entorno muy legalista. Había muchas cosas que eran prohibidas, incluso algunas que la Biblia no prohíbe. Obviamente, entre las cosas que la Biblia menciona, estaba el pecado sexual. Sin embargo, en ese contexto, lo que parecía malo era el sexo y no el pecado sexual.

Durante la adolescencia batallé mucho con el pecado sexual. Hacer guerra contra él se volvió la actividad principal de mi espiritualidad durante gran parte de mi vida cristiana. Toda mi energía, mi oración, y lectura bíblica giraba en torno a no pecar sexualmente.

Por eso entiendo cuando muchas personas que han luchado con el pecado sexual fuertemente terminan satanizando al sexo y no al pecado sexual. Ellas terminan reduciendo una vida sexual saludable a simplemente no pecar. Esto puede ser útil para hacer guerra contra el pecado, pero en el momento en que se casa puede generar gran confusión.

El sexo termina reducido a un acto que tiene que suceder para procrear. Esto tiene como resultado matrimonios que carecen de vulnerabilidad e intimidad. Por lo tanto, hay algunas cosas que debemos considerar para crecer en nuestra piedad sexual.

1. Dios diseñó el sexo para su gloria

Todo lo que conlleva el sexo fue diseñado por Dios. Él nos dio la anatomía para gozar del acto. Mark Driscoll solía bromear diciendo que Dios no creó a Adán y Eva, y luego se fue a tomar un café, y entonces regresó a encontrarlos participando en una actividad que Él nunca quiso que hicieran.

Al contrario, todo lo que Dios diseñó es bueno. Yo sé que para muchos esto es algo difícil de leer, pero el sexo fue idea de Dios. Él lo diseñó, y como todo lo creado por Él, es bueno cuando es usado tal y como Él lo diseñó.

Yo sé que para muchos esto es algo difícil de leer, pero el sexo fue idea de Dios.

Cuando solo hablamos del pecado sexual y no hablamos de lo buena que es la creatividad de Dios en hacer el sexo, fácilmente damos a entender que lo malo es el sexo y no el pecado sexual. El pecado sexual es una tergiversación del sexo. Y si hay una tergiversación, eso significa que tiene que haber una manera no tergiversada de disfrutar de esta creación de Dios.

Si entendemos que Dios creó el sexo, deben existir maneras en las que podemos participar del sexo para su gloria. Obviamente, el único entorno en el cual esto sucede es el matrimonio entre un hombre y una mujer.

2. El sexo es para procrear y para el placer

No cabe duda de que el sexo tiene una función para nuestra posteridad. Pero Dios no solo nos dio una manera de procrear, Él hizo que esa manera sea placentera. De hecho, lo que sucede químicamente en el cerebro durante el sexo, en cuanto a las endorfinas, es algo increíble y demuestra lo placentero que es el sexo. Si no fuese placentero, probablemente nunca nos multiplicaríamos. Sin embargo, no cabe duda de que Dios quiere que procreemos y nos dio un método altamente placentero para llevarlo a cabo.

Pero lo placentero que es el sexo no es únicamente para la procreación. Nosotros vemos que el libro entero de Cantares nos muestra un matrimonio que está sumamente enamorado. Su amor no solo es de dar flores y chocolates. También es altamente físico, expresando el placer que cada uno obtiene del otro, sin ningún fin procreativo. Es el simple disfrute de algo bueno que Dios ha creado. Ya que fue creado por Dios, y se puede hacer para su gloria, no hay razón para limitar el placer del sexo a la procreación.

Ya que fue creado por Dios, y se puede hacer para su gloria, no hay razón para limitar el placer del sexo a la procreación.

3. El sexo es para crecer en intimidad

Nosotros vemos que, después de la gran boda en Génesis 2, el hombre y la mujer se vuelven una sola carne. Esto es literal, espiritual, y emocional. El sexo tiene un poder extremadamente fuerte. Es por esto que debemos hacer guerra contra el pecado sexual. Pero también debemos gozarnos del sexo dentro de los parámetros de Dios.

En el acto sexual, los esposos expresan una vulnerabilidad e intimidad que no se experimenta con ningún otro ser humano. No es solo porque se encuentran desvestidos, sino porque hay una unión literal de los cuerpos. Esta unión trae consigo la bendición de Dios, y el fortalecimiento del matrimonio.

Para que una pareja pueda gozar de un matrimonio saludable, tiene que haber sexo. Dios lo hizo con el fin de ayudar a estas dos personas a crecer en intimidad y unirse más a lo largo de la vida.

No creo que sea una relación causal, pero he notado que en casi todo problema matrimonial la pareja no gozan de una vida sexual satisfactoria. Nuestra intimidad y vulnerabilidad pagan el precio cuando ponemos el sexo en un segundo plano, y por lo tanto sufre el matrimonio.

4. El sexo es para servir a nuestro cónyuge

Si dejamos que el único propósito del sexo sea el placer y la intimidad, fácilmente se vuelve una actividad muy egocéntrica, donde cada quien está buscando obtener el mayor placer a expensas del otro. Pero la única manera en la que se fomenta esta intimidad es sirviendo. En esto vemos lo precioso del sexo en la creación de Dios.

Pablo nos explica en 1 Corintios 7 que el cuerpo de alguien casado pertenece a su cónyuge. O sea, que el uso del cuerpo del hombre no existe para suplir sus placeres, sino los de su esposa, y viceversa. No se trata de buscar la manera de tener el mayor placer, sino de cómo servir mejor al cónyuge.

No se trata de buscar la manera de tener el mayor placer, sino de cómo servir mejor al cónyuge.

Esto importa no solo en el acto sexual sino también en el romance antes del acto. Hablo a los hombres. Para muchos es fácil llegar a querer tener sexo, pero es difícil que nuestras esposas lo quieran. Si el fin es servir, debemos esforzarnos en el romance para servir a nuestras esposas y no solo para ser servidos por ellas.

Conclusión

Sé que muchos tal vez se avergüencen al leer este artículo o lo vean un poco escandaloso. Pero una vez más, tenemos que tener cuidado de no caer en un legalismo donde tachamos cosas como malas sin que Dios las llame así. Hay muchos matrimonios que no están gozando de la plenitud del diseño de Dios porque han aprendido una versión truncada del sexo. Mi anhelo sincero y pastoral es que se sientan libres para servir a su cónyuge y disfrutar juntos del gozo en el acto sexual creado por Él.

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