Esta semana estoy enseñando un curso en las montañas de Guatemala a un grupo de pastores que están aprendiendo de la historia de la iglesia. Entender cuánto ha luchado la iglesia por una teología robusta y bíblica, y las amenazas sufridas a lo largo de su vida, nos ayuda a ver con claridad la fidelidad de Dios en preservar a su pueblo.

Educar a la iglesia en cuanto a su historia es una carga importante para mí porque:

1. Nuestra fe es histórica

Carlos Astorga en un artículo para Coalición por el Evangelio dice: “La fe cristiana descansa sobre hechos históricos específicos que poseen valor y trascendencia eterna”. Tanto la historia del pueblo de Israel, como la venida, muerte, y resurrección de Cristo, y los hechos de los apóstoles, tienen lugar en la historia, y sobre ellos descansa nuestra fe.

Además, nuestra teología es histórica. Muchos conceptos y palabras que usamos hoy se deben a la historia de nuestra fe. Tal vez la palabra más famosa es Trinidad. Aunque no aparece en la Biblia, existe porque hombres valientes estudiaron profundamente las Escrituras y las interpretaron correctamente, desarrollando este aspecto de nuestro sistema teológico.

2. Evita el orgullo cronológico

Esta idea de orgullo cronológico es de C. S. Lewis (en inglés chronological snobbery). Consiste en creernos mejor porque somos más desarrollados, o más privilegiados, porque tenemos más tecnología. En cuanto a la historia de la iglesia, es fácil ser tentado a ver la iglesia de hoy como mejor que las anteriores por sus recursos, oportunidades, y fruto. Pero la única razón para creer algo así es no conocer la historia.

En el paso del tiempo, siempre encontramos a la iglesia creciendo y dando fruto. Nuestra época no es tan especial como a veces podemos pensar. Así que, ya que algunos reformados leen este blog… seguramente tú no eres el nuevo Martín Lutero.

3. Ayuda a identificar enseñanzas falsas

La iglesia ha respondido muchas veces, en su historia, a enseñanzas falsas. Lo ha hecho claramente y bíblicamente. Sin embargo, muchas de estas enseñanzas falsas siguen apareciendo disfrazadas de otra manera. Si no sabemos lo que se ha peleado antes, en muchos casos, nos faltarán recursos para defender eficazmente nuestra fe.

4. Conocemos a los gigantes de nuestra fe

Para muchos de nosotros, la historia de la iglesia salta desde el Apóstol Pablo hasta Martín Lutero, y otra vez hasta Jonathan Edwards, y luego a R. C. Sproul. Aunque estos hombres son gigantes en la fe, también hay otros que deberíamos conocer.

Atanasio es uno de mis favoritos. A pesar de los peligros y riesgos que vivió, defendió robustamente la divinidad completa de Cristo en contra de la herejía del arrianismo.

Tertuliano, por otro lado, ayudó a la iglesia a desarrollar la teología de la Trinidad. Agustín peleó contra el pelagianismo, y estableció claramente la idea de un Dios soberano que da salvación por gracia. Tomás de Aquino, una de las mentes más brillantes de la historia de la iglesia, aplicó la filosofía de Aristóteles a la doctrina cristiana, dándole forma escolástica. El listado puede seguir con nombres como Policarpo, Ireneo, Felicidad, los Padres Capadocios, Jan Hus, William Tyndale, John Wesley, William Carey, Adoniram Judson, George Muller, y Hudson Taylor.

Debemos mucho de nuestra teología a estas personas; estamos parados sobre sus hombros. Es importante conocerlos.

5. Podemos honrar a Dios por su fidelidad

Aunque debemos mucho a los hombres que fueron antes que nosotros, en realidad, la historia de la iglesia debe llevarnos a adorar a Dios por su fidelidad. En medio de todo tipo de escándalo, herejía, violencia, y corrupción, Dios ha preservado a su iglesia, dando fruto y creciendo en la Verdad, hasta hoy.

Si quieres profundizar en el tema de la historia de la iglesia puedes visitar el siguiente enlace que te lleva a una serie de artículos escritos por Carlos Astorga para Coalición por el Evangelio.

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