Pareciera que la frase “centralidad del evangelio” no existía hasta hace unos años atrás. En las últimas décadas ha surgido mucho material y se ha dicho bastante acerca de este tema. Para muchas personas, pareciera ser un movimiento paralelo al evangelicalismo o al cristianismo. Para otras, una especie de elitismo. Por muchas razones, creo que es importante evaluar constantemente las frases y palabras que usamos, para asegurar que no se diluya su significado a lo largo del tiempo.

Antes de explicar por qué creo que todos deberían ser centrados en el evangelio, déjame hacer un comentario introductorio: El evangelio no les pertenece exclusivamente a los que somos “centrados en el evangelio”. Hay muchos creyentes y cristianos fieles que no ven la narrativa de la Biblia con el evangelio en el centro.

También es necesario explicar algo muy básico: ¿qué es el evangelio? Una de las explicaciones más breves del evangelio que podemos encontrar está en 1 Timoteo 1:15: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”. El evangelio es la buena noticia de lo que Cristo ha logrado en su vida, muerte y resurrección. En ese sentido, cuando hablamos de ser centrados en el evangelio, nos referimos a ser centrados en la persona y obra de Cristo.

Existen tres razones principales por las que considero necesario ser centrados en el evangelio:

1. El evangelio está en el centro de toda la Biblia

Hay algunos pasajes que nos ayudan a ver a Cristo y su obra en el centro de la historia bíblica. Principalmente, Lucas 24:27, donde Cristo, “comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras”. Cristo demostró a sus discípulos cómo toda la Biblia apunta a Él. También, en Juan 5:39 lo explicó a los fariseos (expertos en la Ley).

De hecho, cuando empezamos a entender esto, vemos claramente cómo mucho del Antiguo Testamento es sombra de Cristo. En específico, cómo el cordero de la pascua es una sombra de Cristo. O, cómo los profetas y los Reyes son hombres incompletos, y el pueblo de Israel seguía esperando al Cristo.

Toda la Biblia anticipa, revela, o apunta a Cristo y su obra.

2. El evangelio está en el centro de toda nuestra teología

La teología es el estudio de Dios. Hay cosas acerca de Dios que podemos saber por la naturaleza (Ro. 1), pero la revelación más completa de quién es Él es la persona y obra de Cristo (Col. 1:15, 19). De hecho, la mayoría de (sino todas) las cualidades de Dios son magnificadas a la luz de Cristo y su obra.

Si pensamos en el amor de Dios, ¿cómo podemos entenderlo sin Cristo y su obra? Pablo nos dice que “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8). También podríamos hablar de la justicia de Dios, y para eso tendríamos que ir otra vez a la persona y la obra de Cristo (Rom. 3:24-26).

Tal vez, estás pensando: ‘esas relaciones son obvias, ¿qué tal algún atributo más complejo?’. Pensemos en la inmutabilidad de Dios, la cual expone que Dios no cambia en su carácter y naturaleza. Esta doctrina es preciosa cuando entendemos que el plan de Dios siempre ha sido la cruz (Hch. 2:23). No se trata de un Dios justo en el Antiguo Testamento y luego un Dios de amor en el Nuevo Testamento, sino que desde Génesis 3:15, Él ya había prometido su plan, ejecutado en la vida y obra de Cristo.

Toda nuestra teología gira en torno a la persona y obra de Cristo.

3. El evangelio debe estar en el centro de nuestra vida

No cabe duda, el evangelio debe estar en el centro de nuestra vida. Esto no es una conclusión simple de los dos puntos previos, sino que es una afirmación que encontramos a lo largo del Nuevo Testamento. La mayoría del Nuevo Testamento fue escrito a cristianos y es un recordatorio constante de lo que Cristo ha hecho.

En ese sentido, el cristiano es llamado constantemente a poner sus ojos en Cristo y su obra (Col. 3:1-4). Pablo dice a los Colosenses que ellos deberían andar en Cristo, tal y como lo recibieron; establecerse sobre Él y arraigarse en Él.

En Filipenses 3, el mismo apóstol afirma que él ha perdido todo con el fin de conocer a Cristo en su “resurrección y la participación en sus padecimientos”. También, le advierte a los Gálatas que no se dejen llevar por otro evangelio.

Por otro lado, Pedro explica que el cristiano tiene todo lo que necesita en “Aquel que los llamo” (2 Pe. 1:3). Toda la vida del cristiano gira en torno a Cristo y su obra.

En pocas palabras, la Biblia, nuestra teología, y el llamado para nuestras vidas tienen como centro el evangelio. Conocer y creer el evangelio, seguir creyendo y creciendo centrados en él, es precioso. Es gracia sobre gracia. El evangelio no es solo la entrada al cielo; es el mensaje central de todo el mundo del cristiano.

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