Me gusta hablar mucho de la multiplicación de la iglesia. Sin embargo, a veces me encuentro dudando de si realmente es posible que la iglesia se siga multiplicando. Veo las amenazas al evangelio, veo tanta maldad que existe en el mundo, veo la apatía que hay en muchos líderes, y empiezo a perder el ánimo por la multiplicación de la iglesia.

Al mismo tiempo, creo que muchos (me incluyo) sentimos un poco de condenación al escuchar a alguien hablar de la multiplicación. Si tu iglesia no se está multiplicando o no está creciendo, a veces sientes culpa o que eres un fracaso.

En medio de estos momentos de desánimo, o aún de sentimientos de fracaso, tenemos que recordar una verdad muy preciosa: Dios seguirá multiplicando su iglesia.

Mark Noll en su libro The New Shape of Western Christianity presenta los siguientes datos estadísticos:

  • Es más que probable que más creyentes se reunieron para adorar a Dios este domingo en China, que en toda la Europa cristiana.
  • Más anglicanos se reunieron para adorar este último domingo en Kenia, Sudáfrica, Tanzania, y Uganda, que los que se reunieron en Gran Bretaña y Canadá, y que los episcopales en todos los Estados Unidos.
  • Más presbiterianos se reunieron para alabar a Dios este domingo en Ghana de los que se reunieron en Escocia.

Estas estadísticas son solo una muestra de una verdad prometida en las escrituras: la iglesia se multiplicará. Cristo lo manifiesta en Mateo 16 cuando le dice a Pedro que Él edificará su iglesia.

Podemos confiar en que la Iglesia seguirá creciendo, aun si la nuestra no.

Independiente de lo que esté sucediendo en el mundo o aún en nuestra propia iglesia, podemos confiar en que la Iglesia seguirá creciendo, aun si la nuestra no. La Iglesia seguirá multiplicándose porque Dios ha diseñado a la Iglesia para esto. Además, Él ha determinado que esto suceda por medio de tres canales principales:

1. Un evangelio poderoso

Algunas de las escenas fascinantes, vez tras vez, en los evangelios son las que muestran el enorme cambio que sucede en las personas después de interactuar con Cristo. En muchos de ellos hay un despertar. Sucede algo sobrenatural. No es simplemente conocer a alguien interesante, sino que hay una transformación genuina y profunda en estas personas. Por ejemplo, la mujer samaritana y Zaqueo… ambos cambiaron radicalmente.

Los discípulos, en particular, eran pescadores comunes que decidieron dejar todo para seguir a este Maestro. Encontrarse con Cristo y su mensaje era algo transformador.

El pasaje famoso de Romanos 1:16 nos explica que Pablo no se avergüenza del evangelio porque este es poder de Dios para la salvación. No nos dice que simplemente es el mensaje de Dios para la salvación, ni que son los consejos de Dios para la salvación, ¡es poder!

Impregnado dentro del mensaje del evangelio encontramos el poder de Dios para llevar a cabo su obra de multiplicar a su Iglesia.

2. Una iglesia misionera

Vemos que el pueblo de Dios, desde el Antiguo Testamento, ha sido un pueblo misionero. En todo el Antiguo Testamento vemos cómo el plan de Dios es que su gloria sea anunciada en las naciones. No se anunciará su gloria en todas las naciones, a menos que su pueblo vaya a proclamarla.

Pero esta idea de que el pueblo de Dios es misionero se resalta aún más cuando llegamos al ministerio de Jesús. Cristo, al llamar a sus discípulos, les dice: “vengan en pos de mí, y yo les haré pescadores de hombres”.

Además, en Juan 20:21, Cristo conecta la naturaleza misionera de los discípulos a su propia naturaleza misionera. Él les dice: “así como el Padre me ha enviado, yo también les envío.”

Cristo, siendo en un sentido un misionero enviado por el Padre, ahora ha comisionado a su Iglesia (Mt. 28:18-20). Nosotros hemos sido enviados al mundo por Cristo. La Iglesia, por naturaleza, es misionera, y como tal se seguirá multiplicando.

Nosotros hemos sido enviados al mundo por Cristo.

3. El Espíritu enviador y empoderador

Cuando vemos lo anterior, un evangelio poderoso y una iglesia misionera, tenemos que entender que hay algo que está detrás de ambas: detrás del evangelio, haciendo que su proclamación sea eficaz, y detrás de la Iglesia moviéndola hacia afuera, está el Espíritu Santo con su gran poder.

Dios nos ha dado su Espíritu, por medio del cual asegura que su misión no falle.

Por medio de su Espíritu, Dios llama a plantadores de iglesias (Hch 13), produce el carácter en plantadores (Gal. 5), convence al mundo de pecado (Juan 16), y hace que la proclamación de Cristo sea eficaz (Tito 2). Por medio de su Espíritu, Dios une a personas a su Iglesia (Ef. 1), guía la enseñanza de la Iglesia (Juan 16), sostiene y ayuda a los creyentes en el mundo (Juan 14), y crea unidad en su Iglesia (Ef. 4). Por medio de su Espíritu, Dios da poder a su iglesia (1 Cor. 12) y acompaña en su misión (Mt. 28).

Dios no fallará en ver que la Iglesia se multiplique.

Conclusión

En medio de nuestra preocupación por lo que pasa en el mundo, o la falta de crecimiento en nuestra iglesia local, necesitamos recordar: Dios se preocupa por su misión aún más que nosotros. La misión le pertenece a Él, no a nosotros. Él la está cumpliendo, y lo hace por medio de la proclamación de Su evangelio, por medio de Su Iglesia misionera, empoderada por Su Espíritu. Por lo cual, podemos confiar en que ¡la Iglesia se multiplicará!

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