Se supone que Guatemala tiene más de 370,000 huérfanos (Más info abajo). Se supone que Guatemala también tiene más de 40,000 iglesias. Ver estos dos números me causa dolor. Me causa dolor en lo personal porque la orfandad, el abandono, y la negligencia de los más vulnerables — niños — es resultado de la caída y de nuestros corazones pecaminosos.

También me causa dolor, porque los que somos llamados ministros de reconciliación no hemos hecho lo que nos corresponde. Si la mitad de la población dice ser evangélica, ¿dónde está el impacto que este evangelio causa en nuestros corazones? ¿Qué hemos hecho al respecto para aquellos olvidados y abandonados de nuestra sociedad?

Esto no es solo un problema en Guatemala, sino también alrededor del mundo. Hay poblaciones en toda cultura y toda sociedad que han sido olvidadas. Y son los seguidores de Cristo quienes han sido llamados a poner atención a estos sectores. De hecho, esto fue parte de lo que hizo que el ministerio de Cristo fuera tan escandaloso. Aquellos rechazados, olvidados, y abandonados por la sociedad, Cristo los buscó y pasó tiempo con ellos.

Aquellos rechazados, olvidados, y abandonados por la sociedad, Cristo los buscó y pasó tiempo con ellos.

Aún más allá de los sectores olvidados, la Palabra de Dios es clara en mencionar específicamente a los huérfanos. Hay muchas razones por las que el pueblo de Dios debe cuidar al huérfano, pero aquí hay cuatro principales:

1. Porque Dios ama al huérfano

Primero que nada, entendamos que Dios ama a los huérfanos. En los Salmos, en particular, vemos varias declaraciones del amor y la protección que Dios le da a los huérfanos.

Salmo 146:9:
“El Señor protege a los extranjeros,
Sostiene al huérfano y a la viuda,
Pero frustra el camino a los impíos”.

Salmo 68:5:
“Padre de los huérfanos y defensor de las viudas
Es Dios en Su santa morada”.

Amar a Dios es amar aquellas cosas que Él ama. Si decimos que amamos a Dios pero no amamos las cosas que Dios ama, nuestro amor por Dios está en tela de juicio.

Amar a Dios es amar aquellas cosas que Él ama.

2. Porque es un mandamiento al pueblo de Dios

No podemos eludir la cantidad de veces que Dios le manda a su pueblo a cuidar del huérfano. En todo el Antiguo Testamento, el huérfano, la viuda, y el extranjero tienen un lugar especial en los planes de Dios para su pueblo. Estos eran los sectores más propensos a vivir injusticias y, como tal, el pueblo de Dios fue llamado a cuidar de ellos y protegerlos de manera especial.

Deuteronomio 24:17:
“No pervertirás la justicia debida al extranjero ni al huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda”.

Éxodo 22:22-23:
“A la viuda y al huérfano no afligirán. Si los afliges y ellos claman a Mí, ciertamente Yo escucharé su clamor”.

Santiago 1:27:
“La religión pura y sin mancha delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo”.

Además, cuando vemos pasajes como Jeremías 5:27-29, vemos que Dios castiga a su pueblo por no cuidar al huérfano. Dios demanda obediencia de su pueblo en este asunto.

3. Porque somos ministros de reconciliación

Nuestras vidas, al ser reconciliados con Dios, cambian radicalmente. Nosotros somos formados en un nuevo pueblo y somos comisionados como ministros de reconciliación.

Pablo explica esto en 2 Corintios 5:
“Y todo esto procede de Dios, quien nos reconcilió con El mismo por medio de Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con El mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación. Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros, en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios!”.

En Cristo, Dios ha formado un pueblo totalmente nuevo comprometido con una serie de valores distintos a los del mundo. Donde hay desintegración, el cristiano es llamado a obrar por la reconciliación. En el conflicto, el cristiano es llamado a obrar por la paz. Donde hay injusticia, el cristiano es llamado a obrar por la justicia.

Keller lo explica así en Iglesia Centrada:
“El evangelio entonces crea una nueva clase de comunidad de servicio, con personas que practican otra manera totalmente distinta de ser humanos. Superioridad de raza y clase, incremento de dinero y poder a expensas de los demás, anhelo de popularidad y reconocimiento… son todos marcas de vivir en el mundo. Representan lo opuesto a la actitud del evangelio”.

Seguro que parte central de cómo funcionamos como ministros de reconciliación es predicando el mensaje de reconciliación —el evangelio. Pero si nuestras vidas no reflejan el cambio que el evangelio crea, debemos evaluar si realmente lo creemos.

Si nuestras vidas no reflejan el cambio que el evangelio crea, debemos evaluar si realmente lo creemos.

De hecho, el evangelio es la razón principal para hacer todo esto.

4. Porque es una imagen del evangelio

Pablo dice que, cuando Dios nos salvó, Él nos adoptó (Ef. 1:5). Dios, siendo un Buen Padre, ha cuidado del huérfano. Ninguno de nosotros era hijo suyo por nacimiento, pero Dios en su bondad, gracia, y amor se ha extendido para cuidarnos.

Cada vez que vemos a un huérfano es como vernos en un espejo. Nosotros éramos huérfanos que recibieron reconciliación y adopción. Como tal, cada vez que servimos al huérfano, damos una imagen palpable del mensaje que predicamos desde nuestro púlpito.

Cada vez que vemos a un huérfano es como vernos en un espejo. Nosotros éramos huérfanos que recibieron reconciliación y adopción.

De hecho, en toda la Biblia, la redención de Dios es la motivación para servir al huérfano. Ya leímos Deuteronomio 24:17, pero notemos lo que dice después en v. 18:

“No pervertirás la justicia debida al extranjero ni al huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda, sino que recordarás que fuiste esclavo en Egipto y que el Señor tu Dios te rescató de allí; por tanto, yo te mando que hagas esto”.

Recordar que el pueblo de Israel fue rescatado de una situación de extrema vulnerabilidad y opresión, es la motivación por la que ese pueblo debía extenderse a proteger y rescatar a aquellos en situaciones de extrema vulnerabilidad y opresión.

Dios no solo nos ofrece perdón, no solo nos ofrece libertad, no solo nos ofrece una eternidad en su presencia. Sino que, a pesar de nuestro pasado, lo que hemos hecho o vivido, la soledad que sentimos antes, lo que nos haya faltado; a pesar de todo eso, Él nos ofrece la oportunidad de pertenecer a su familia y nos ofrece todos los derechos de ser sus hijos. Él nos da una familia para siempre. Y como sus hijos, que le aman a Él y quieren ser como Él, nuestro deber es hacer lo mismo con otros.

**Esos +300,000 huérfanos (según UNICEF) comprenden a huérfanos “sociales” o niños que tienen padre o madre pero viven en situación de calle o vulnerabilidad — Aixa de Lopez!**

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