La Biblia es un libro antiguo y no es fácil leer libros con muchos años de antigüedad. Además, Muchos no saben cómo leer la Biblia. la Biblia es única en su composición. Fue escrita a lo largo de 1,500 años, en 66 libros, por más de 30 autores. Su lenguaje es antiguo, describe culturas, costumbres, situaciones y circunstancias muy lejanas. Humanamente hablando, la Biblia es un libro difícil de entender.

Pero no se trata de un libro meramente humano. Esto es precisamente lo que hace que la Biblia sea tan impresionante. Mientras que fue escrita por tantos autores humanos a lo largo de tantos años, al mismo tiempo tuvo un solo autor: Dios mismo. Él guió el proceso de redacción de principio a fin, guardando y protegiendo el texto de errores, y asegurando que todo lo escrito sea cierto y relevante no solo para la primera audiencia, sino para todo ser humano en toda generación y tiempo.

La inspiración divina de la Biblia es lo que nos da confianza para acercarnos a ella sabiendo que todavía tiene algo que decirnos.

¿Cómo podemos leer la Biblia?

Esto no disminuye el hecho de que la Biblia es un libro complejo de leer para muchos. No tiene la misma estructura de los libros que leemos en el colegio. Como resultado, muchas personas deciden mejor ni acercarse. Otras se acercan, pero cometen graves errores de interpretación ya que no saben cómo comprender el texto bíblico.

Pensando en eso, aquí hay cuatro puntos importantes para recordar a la hora de abrir tu Biblia:

1. Se trata de una sola historia.

Tristemente, nosotros solemos ver la Biblia como una serie de historias desconectadas.
Los que asistimos a la escuela dominical desde niños aprendimos muchas historias de la Biblia. El arca de Noé, Daniel y los leones, David y Goliat, etc. A veces, al escuchar estas historias nos resulta difícil ver cómo se conectan.

La Biblia está contando una sola historia: la de un Dios grande, bueno, y soberano, que está reuniendo para sí mismo un pueblo que existe para Su gloria. Esta historia tiene cinco movimientos principales: creación, caída, Israel y la ley, Cristo y el nuevo pacto, y la glorificación. En el Antiguo Testamento, vemos a Dios escoger para sí mismo un pueblo, darles una ley y una tierra. Pero esto no es el fin de la historia.

Ninguno de los personajes mencionados en el Antiguo Testamento son protagonistas. Ellos fueron personas también afectadas por la caída y con necesidad de un Salvador. Este Salvador sería el sumo-sacerdote, el Rey del trono de David, el verdadero profeta, el cordero inmolado, el Redentor. Todo apuntaba hacia algo en el futuro que Dios haría por el bien de su pueblo.

En el Nuevo Testamento encontramos el misterio revelado. Cristo nace, el Mesías prometido. Vive una vida perfecta, y entrega su vida para expiar por los pecados de aquellos quienes creerán en Él. Los que creen se vuelven este nuevo pueblo que existe para Su gloria. Ellos son enviados para proclamar el mensaje del evangelio y vivir buenas obras.

Cuando lees la Biblia, entonces, deberías ubicarte en la historia. ¿En qué momento de la historia estamos? ¿Qué está sucediendo en la historia de la Biblia cuando el pasaje que estás leyendo fue escrito?

Cuando lees la Biblia, deberías ubicarte en la historia

2. Cristo es el protagonista.

Cuando entendemos que toda la Biblia es una sola historia, también debemos reconocer que ella tiene un protagonista. El personaje central no es alguno de los “héroes de la fe” listados en Hebreos 11, ni uno de los profetas, sacerdotes, o reyes. Todos ellos apuntan a algo mayor.

Cuando leemos el episodio en el cual Cristo camina con dos de sus discípulos hacia Emaús, narrado en Lucas 24, encontramos lo siguiente: “Comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, [Cristo] les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras” (v. 27).

Por lo tanto, debemos leer las Escrituras con Cristo en el centro. Él es el protagonista.

Cuando lees la Palabra, deberías preguntarte: “¿Y esto que me dice de nuestra necesidad de Cristo? ¿Hay algo que refleja, demuestra, o apunta a Cristo en este pasaje?”.

3. Mira el contexto.

Después de entender que la Biblia se trata de una sola historia y que Cristo es el personaje central (el contexto teológico), también tenemos que ver el contexto histórico y literario de cada pasaje que leamos. No todo pasaje aplica directamente para nosotros porque no todo pasaje se trata de nosotros. Hay pasajes que son para un contexto en particular.

Entonces, es bueno preguntarnos:

¿Quién está escribiendo?
¿Quién es la audiencia original?
Lo escrito, ¿es cumplido o suplido en Cristo?

Te doy un ejemplo famoso. Solemos usar Jeremías 29:11 para animarnos diciendo: “Dios tiene un plan y un futuro de prosperidad para nuestras vidas”. En realidad, este pasaje fue escrito al pueblo de Israel en cautiverio. El plan que Dios tenía para ellos era, luego de 70 años, llevarlos de regreso a su tierra. Por eso, Dios les anima a no preocuparse. Ellos no están fuera del plan de Dios, el sigue controlando todas las cosas.

En ese sentido, el pasaje no aplica a nosotros. Aunque sí podemos confiar en que Dios tiene el control de nuestro futuro, Jeremías 29:11 no es en sí mismo una garantía de un futuro prospero y bonito para nosotros.

4. Haz las preguntas correctas

Como puedes ver, parte de la razón por la que no entendemos la Biblia es porque nos acercamos haciendo las preguntas equivocadas. En muchos casos, la pregunta que estamos haciendo es: “¿y esto qué tiene que ver con mi vida?”. Si buscamos contestar esa pregunta antes de contestar las preguntas que he explicado, será muy difícil ver la verdadera relevancia de la Biblia a tu vida.

Cuando hacemos las preguntas correctas, podemos entender la Biblia más acertadamente.

Después de hacer las preguntas de contexto, puedes hacer las siguientes preguntas:

¿Hay algo que debo obedecer?
¿Hay algo por el cual puedo alabar a Dios?
¿Hay algo por el cual debo orar?
¿Hay algún pecado del cual me debo arrepentir?
¿Cómo me lleva este pasaje a depender más de la gracia de Dios en Cristo?

Nuestra lectura bíblica será más fructífera si aprendemos a cambiar las preguntas que le hacemos a la Biblia. Cuando hacemos las preguntas correctas, podemos entender la Biblia más acertadamente.

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