En estos días, hemos tenido la visita de una amiga, quién nos ha comentado informalmente que entre los que trabajamos en la oficina que nos hacemos mucho ‘bullying’. Con “bullying” se refiere a la manera de bromear, los unos con los otros. Solemos observar mucho lo que estamos haciendo y bromeamos al respecto. Nos gusta decir, que en nuestra iglesia tomamos nuestra teología en serio, pero que no nos tomamos a nosotros mismos tan en serio. Como tal, tenemos mucha libertad como para reírnos de nosotros mismos. Esto es bueno, porque trae cierta liviandad, a un ámbito ministerial, el cual suele y puede ser percibido como intenso y pesado. Tampoco queremos obviar las diferencias y manerísmos que caracterizan cada cultura y al mismo tiempo, queremos siempre examinar toda nuestra manera de vivir a la luz de la Palabra.

Para muchas personas, el bromear es una manera juguetona en la que pueden expresar cariño. Dentro del mundo cristiano, a veces es hasta un alivio, ver que las personas pueden bromear los unos con los otros. Como cristianos y como ministerio, no queremos caer en la trampa de que ya no hay personalidades, ni diversión.

Sin embargo, como todo en la vida, es importante que también evaluemos, lo que estamos diciendo y por qué lo estamos diciendo. Los comentarios de esta amiga, me han hecho reflexionar y meditar en el tema de nuestra comunicación.

¿Qué dice la Biblia de nuestra lengua?

Primero que nada, tenemos que entender que la Biblia tiene mucho que decir acerca de nuestra lengua y cómo hablamos. En un artículo, no podremos hablar extensivamente ni hacer una evaluación exhaustiva, de la enseñanza de la Biblia al respecto. Pero, hay dos pasajes en particular, que creo, guían esta discusión.

Primero, Cristo nos dice que lo que sale de nuestra boca es el producto de nuestro corazón (Mt. 15:18). Cuando nosotros hablamos nos estamos exponiendo, ya sea bueno o malo. Nuestras palabras son el fruto de la tierra en la que nuestro corazón esta enraizado.

Segundo, Pablo nos llama a que no hablemos palabras corrompidas (malas) sino que seamos de edificación según la necesidad del momento (Ef. 4:29). Nuestro fin principal en toda relación, y por ende toda conversación, debe ser el amor al prójimo. Queremos edificar, alentar y animar a otras personas con nuestras palabras, no denigrar, hacer de menos, u ofender a otras personas.

Esto no significa, que siempre nos tenemos que hablar serios y con palabras “bonitas”. Tampoco creo que estos versículos significan que no deberíamos de bromear. Sin embargo, estos versículos sí expresan, que hay buenas maneras de bromear los unos con los otros, y maneras que no son apropiadas. Además, la manera en la que hablamos, revela lo que está en nuestros corazones.

Sugiero algunas preguntas, que deberíamos hacernos, a la hora de bromear los unos con los otros.

1. ¿Es esta broma obscena o grosera?

Efesios 5:4
4 Tampoco haya obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracias.

Nuestra mente corrompida, fácilmente piensa en cosas que no glorifican a Dios. Rápidamente pensamos con doble sentido. En otras ocasiones, pudieran ser referencias o cosas de índole sexual, fuera del diseño de Dios, y simplemente cosas que dan asco y que son causa de vergüenza.

Como cristianos, esto no debería de ocupar nuestra lengua, ni nuestra mente. Para muchos de nosotros esto es un proceso. Quisiéramos poder decirle a nuestra mente, que deje de pensar en esas cosas, pero no siempre es así de sencillo. El proceso de llenar nuestra mente con las Escrituras, con pensamientos que glorifican a Dios, es el proceso de santificación.

Al mismo tiempo, tenemos que pedirle mucha ayuda al Espíritu Santo, a que guarde nuestra lengua, de no bromear de aquellas cosas que son claramente una distorsión de lo que Dios ha creado.

Necesitamos pensar: Si es grosero u obsceno, mejor cierro la boca.

2. ¿Estoy buscando protagonismo?

Proverbios 21:23-24
El que guarda su boca y su lengua, Guarda su alma de angustias.
“Altivo,” “arrogante” y “escarnecedor,” son los nombres Del que obra con orgullo insolente.

Es interesante que este proverbio pone, el uso de la lengua y la boca a la par del que es altivo, arrogante y orgulloso. Una vez más, nuestra lengua dice mucho de nuestro corazón.

Cuando estamos bromeando con otros debemos preguntarnos, ¿estoy buscando como llamar la atención a mi mismo? Es muy fácil que nuestras bromas tengan más que ver con nuestro orgullo, querer presentarnos como listos o ingeniosos, y tienen poco que ver con amar y edificar a los que están a nuestro alrededor.

Necesitamos pensar: Si estoy buscando protagonismo, mejor cierro la boca.

3. ¿Estoy buscando ganar?

Proverbios 12:6
Las palabras de los impíos son asechanzas sangrientas,
Pero a los rectos su boca los librará.

A veces nuestro fin es lo contrario a edificar, sino que es ganar. Esto suele suceder mucho entre hombres, donde no podemos demostrar debilidad y entonces, tendemos a seguir buscando, bromeando, señalando, hasta que demostramos ser el más fuerte. Esto llega a ser una violencia verbal, donde ya no nos estamos amando, sino que nos tenemos el fin de lucir poderoso.

Necesitamos pensar: Si solo estoy buscando ganar, mejor cierro la boca.

4. ¿Lo has hablado en serio o solo genuinamente en broma?

Proverbios 10:11
Fuente de vida es la boca del justo,
Pero la boca de los impíos encubre violencia.

La lengua tiene el poder de comunicar cosas buenas (dar vida), que necesitamos escuchar. Sin embargo, muchos de nosotros preferimos tirar indirectas, hacer bromas al respecto y no estamos dispuestos a verdaderamente hablar la verdad en amor.

Si observas algún patrón en tu hermano (orgullo, prepotencia, inseguridad, otro pecado), ve y háblale la verdad, no simplemente le hagas bromas esperando que se de cuenta y que eso lo “baje un poco” o le puedas “corregir” indirectamente.

Necesitamos pensar: Si se lo debo hablar directamente, y no estoy dispuesto a hacerlo, entonces mejor cierro la boca.

5. ¿Estas dispuesto a pedir perdón, si has ofendido?

Si quieres bromear mucho, tienes que acostumbrarte a pedir perdón mucho. No necesariamente porque sea tu intención lastimar, pero porque “En las muchas palabras, la transgresión es inevitable” (Prov. 10:19). Si no estas dispuesto a pedir perdón, has demostrado cuan poco amor tienes en tu corazón. En este caso, el fin no es realmente cuidar y animar a tu hermano, por el contrario, es una vez más, ganar o encontrar protagonismo a expensas de tu hermano.

Por otra parte, cuando creamos una cultura completa, edificada sobre este tipo de protagonismo, limitamos el lugar para reconocer cuando alguien nos ha ofendido. Las bromas suelen ser superficiales, y entonces la vulnerabilidad que requiere decir que algo nos ofendió se presenta más como una debilidad, que una fortaleza. Si la gente no te puede confrontar, no te puede pedir cuentas por tus palabras, o no sienten la libertad de decirte que los has ofendido…algo anda muy mal.

Proverbios 16:21
El sabio de corazón será llamado prudente,
Y la dulzura de palabras aumenta la persuasión.

Si no existe en ti la ternura de corazón que puede reconocer cuando alguien esta dolido, y responder en compasión y amor hacia ellos, tienes que regresar a lo básico del evangelio. Si la gente no puede encontrar en ti alguien, a quien se pueden acercar con lo más débil de su corazón, pídele al Señor que el obre en ti compasión y gentileza.

Necesitamos pensar: Si voy a ofender, y no lo quiero reconocer, mejor cierro la boca.

6. ¿Saben que los amas?

Todo la Biblia establece claramente, que el amor es lo que caracteriza al seguidor de Jesús. De hecho, Cristo mismo nos ha explicado, que el mundo sabrá que somos sus discípulos por nuestro amor los unos por los otros. Si el mundo puede notar nuestro amor, cuánto más nuestros hermanos con los que bromeamos. Si nuestras bromas llevan a personas a dudar de si realmente los amamos, también algo esta muy mal.

En muchos casos, expresar nuestro amor por otras personas nos hace sentir incómodos. Como tal, preferimos simplemente hablar en bromas y esperar que ellos sepan que nuestra broma significa que los amamos. Si no se lo has dicho, si no se lo has expresado de otras maneras, no van a interpretar tus bromas como una muestra de amor. En muchos casos, será todo lo contrario.

Necesitamos pensar: Si no está claro que los amo, mejor cierro la boca.

7. Mejor, cierra la boca

Con todo esto dicho, es entendible porque entonces hay tanto consejo, en toda la Biblia, de simplemente cerrar nuestra boca. Esto es quizás, la lucha más grande de mi vida. Mi papá ha bromeado (en amor) de que suelo entrar en un salón, primero con la boca.

Notemos los siguientes versículos:

Proverbios 10:19
En las muchas palabras, la transgresión es inevitable,
Pero el que refrena sus labios es prudente.

Proverbios 13:3
El que guarda su boca, preserva su vida;
El que mucho abre sus labios, termina en ruina.

Proverbios 21:23
El que guarda su boca y su lengua,
Guarda su alma de angustias.

Santiago 1:19
Esto lo saben, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira

Cuando estamos bromeando con alguien, usualmente no nos tomamos el tiempo para hacernos todas las preguntas escritas arriba. Como resultado, terminamos pecando. Por otro lado, en estos casos, si tomáramos el tiempo antes de hablar, podríamos haberlo evitado. Es aquí, donde la sabiduría y la prudencia siempre nos llaman, a mejor cerrar nuestra boca y evaluar lo que estamos a punto de decir.

Para agregarle un poco más de peso, abajo les dejo otras preguntas relevantes:

• ¿Qué pensará Dios con respecto a la broma que estoy haciendo?
• ¿Será esta broma recibida en amor?
• ¿Es algo que debo hablar primero en privado?
• ¿Es aceptable en el ámbito en el que me encuentro?
• ¿Hay otras personas quienes no entenderán, y lo podrían tomar a mal?
• ¿Qué está esto exponiendo de mi corazón?

Conclusión

Mejor cerremos la boca.

3 Comments

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  2. Sebastián agosto 1, 2018 at 11:01 pm

    Hola. Quiero darte gracias por el blog, me es de mucha edificación para mi vida. Bendito seas hermano. Saludos cordiales desde Bahía Blanca Argentina.

    Reply
    1. Justin Burkholder agosto 2, 2018 at 1:14 pm

      Muchas gracias, Sebastian!

      Reply

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