El gran problema que muchos tienen con las instituciones no es su naturaleza de institución, sino la ligereza con que dejan de servir al grupo de personas o al propósito con el cual iniciaron. Tristemente, esta situación es igual para muchas iglesias locales.

En general, una institución se enferma cuando pierde su misión. Tal pérdida ocurre de varias maneras, usualmente cuando el enfoque está en algo que no es la misión.

Debemos señalar que las instituciones no tienen vida en sí. La realidad es que las personas en ellas toman decisiones que pueden llevar al cumplimiento de la misión, o apartarse de ella. Veamos algunas cosas que pueden desviar a una institución de su misión:

Mantenimiento de la institución

A veces una institución crece tanto, tiene tanto personal, y presupuesto, pero la misión no está clara. Aunque es recomendable cerrarla, resulta muy difícil porque ahora mucha gente depende de ella. Como resultado, la institución sigue existiendo solo para mantenerse a sí misma. Este problema es muy común.

El poder en la institución

Cuando la gente habla mal de las instituciones, usualmente se refieren a esto. En muchos casos una institución está haciendo buenas cosas, pero todo el poder y toda la influencia está depositada solo en unos pocos. Cuando éstos pocos son cuestionados o retados, usan la institución para proteger su poder.

El dinero de la institución

Las instituciones necesitan dinero. Pero fácilmente pueden perder su enfoque cuando dejan que el dinero determine la misión. Esto puede suceder en una de dos maneras: Todo lo que hacen es para obtener más dinero. O no gastan el dinero en cosas por temor de perder la institución. En ambos casos, hacen esto a expensas de la misión.

La influencia de la institución

A veces, una institución goza de cierta influencia, interpretada como popularidad o fama. Para mantenerla, seguirán haciendo cosas para aumentarla, aunque no necesariamente cumplan la misión, e incluso si van en sentido contrario.

La metodología de la institución

Las instituciones crecen cuando su metodología funciona o es innovadora. Sin embargo, si una institución se compromete con su metodología más que con la misión, es posible que pierda el rumbo cuando la metodología ya no se ajuste a la realidad y tengan que cambiarla.

La vida de la institución

Las instituciones no son eternas. Cuando una está en sus últimos suspiros tal vez pueda resucitar con nueva vida (visión, personal, etc.). Sin embargo, este no siempre es el caso. Entonces, lo mejor que puede hacer un buen líder es cerrarla y no aferrarse inútilmente a la existencia de la institución. De lo contrario, la situación puede volverse realmente enfermiza.

¿Y la iglesia?

Tal vez no todo esto aplica a la iglesia, pero hay mucho que sí. Muchos nos extraviamos en la institución de la iglesia y perdemos la misión. Lo podemos hacer intentando mantener la vida de nuestros programas, protegiendo nuestro poder y presupuesto.

Por otra parte, podemos caer en la trampa de “éxito” de crecimiento numérico y dejar de hacer aquellas cosas que hacen discípulos por aquellas que llenan el salón. También podemos imponer nuestra metodología de una manera que comprometa a las personas más con el “cómo” que con el “qué” de la misión.

Y a veces las iglesias locales dejan de existir por cosas de este tipo. Pero la Iglesia nunca deja de existir, y es importante reconocer esto. Si la institucionalidad de la iglesia local no es saludable, tampoco será duradera. La Iglesia, el pueblo de Dios, siempre existirá, aún si la institución local deja de hacerlo.

2 Comments

  1. Mariano agosto 8, 2018 at 2:07 pm

    Buen día Pr. Burkholder, gracias por su artículo. Quizás este comentario está repetido , el original que puse tenía un link adentro y a veces las aplicaciones los rechazan por seguridad, y al publicar creo que no quedó grabado. La consulta era relacionada con este tema de las instituciones y combinándolo con el artículo titulado ¿Quién decide quién puede ser pastor?, que ud. publicó en abril. Sería muy valioso, como comentó entonces, si pudiera desarrollar más el tema del llamado al ministerio pastoral cuando la institución presente no es sana, y cuáles son las opciones más éticas, solícitas y amorosas posibles a transitar. Gracias y que el Señor lo siga usando.

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