Existe bastante material escrito sobre la relación entre el cristiano y la sociedad, del cual podemos concluir que muchos han vivido en uno de dos extremos: 1. Separados por completo de todo lo que sucede en la sociedad, o 2. Conformes a todo lo que ésta ofrece. Ambos extremos representan una amenaza a la misión de la iglesia.

Ahora, no tenemos el espacio para entrar al debate de Cristo y la cultura (Si quieres más información puedes ver Rienhold Niebuhr, Cristo y Cultura). Sin embargo, proponemos un ejemplo de cómo la iglesia debe relacionarse con su ciudad. En Jeremías 29:5-7 leemos:

“Edifiquen casas y habítenlas, planten huertos y coman de su fruto. Tomen mujeres y tengan hijos e hijas, tomen mujeres para sus hijos y den sus hijas a maridos para que den a luz hijos e hijas, y multiplíquense allí y no disminuyan. Y busquen el bienestar (la paz) de la ciudad adonde los he desterrado, y rueguen al Señor por ella; porque en su bienestar tendrán bienestar”.

El pasaje está dirigido a la tribu de Judá durante su exilio en Babilonia, una nación reconocida por su cosmovisión pluralista y pagana; lo cual implica el politeísmo. Habitar ese lugar era complicado para Judá, pues el primero de los mandamientos que Dios les había dado demandaba a su pueblo no tener dioses ajenos.

¿Cómo se relaciona el pasaje con la iglesia de hoy? En gran parte del Nuevo Testamento los cristianos son llamados “exiliados”. Pero no solo se trata de eso. Todo cristiano puede identificarse con la tensión que vivió el pueblo de Dios en el cautiverio: la cultura que nos rodea no comparte nuestra cosmovisión. Esto nos reta a tener que evaluar y filtrar, discernir entre lo bueno y lo malo.

En medio de tal situación, Jeremías les escribió, en nombre del Señor, mandándoles dos cosas, que vamos a considerar a continuación:

1. Habita en la ciudad (v. 5-6).

Independiente de las cosas contrarias a Dios representadas en esa ciudad, Jeremías no les manda a salir corriendo, ni les da esperanza en un pronto regreso a Jerusalén, como anunciaban los falsos profetas de entonces. Todo lo contrario. Él les dice que edifiquen casas, planten huertos, que tengan hijos y se multipliquen.

Hay cosas buenas dentro de toda sociedad en cada ciudad del mundo, porque ellas están llenas de personas hechas a imagen de Dios. Las ciudades son lugares donde todo lo mejor del potencial humano se ha concentrado. Al mismo tiempo, las ciudades están llenas de personas pecaminosas. Así que, allí también se ha concentrado todo lo peor.

Debemos afirmar y reconocer la imagen de Dios y sus efectos en toda nuestra sociedad, y al mismo tiempo rechazar y denunciar lo malo. Ser hechos a imagen de Dios es lo que permite a la humanidad promover sociedades justas, crear cosas bellas, y coordinar esfuerzos de logística impresionantes. Ser parte de la sociedad y establecernos en ciudades nos permite gozarnos de todo lo que Dios ha creado como bueno.

2. Sirve tu ciudad (v. 7)

No solo somos llamados a habitar en la ciudad pasivamente, sino a ser agentes para el bien en medio de ella.

Cuando el profeta habla del bienestar, el usa la palabra shalom. Shalom, en toda la Biblia, implica integración completa, perfección, florecimiento universal (que hay buen arte creado, buenas empresas fundadas y mantenidas, buen deporte jugado, buenos centros educativos, buenos elementos de comunidad y sociedad, buen orden y estructura, y buena espontaneidad y libertad de expresión).

Dios llama a Judá a obrar por esa paz en Babilonia, y a nosotros en nuestras ciudades.

¿Por qué lo hacemos?

En el pasaje, Jeremías les da una razón: para beneficio propio. Pero los cristianos de esta época, además de ésta, tenemos una razón mayor. De esa manera modelamos la fuente de toda paz: Cristo.

En Filipenses 2:5-8 vemos cómo Cristo voluntariamente se hizo un exiliado y expatriado con el fin de servir una tierra ajena. Él dejó atrás los cielos perfectos y vino a vivir entre nosotros para servirnos, y hacernos pertenecer a Su ciudad.

La paz de nuestras ciudades solo se obtiene mediante la fe en Cristo. Nuestra tarea es modelar y proclamar este mensaje.

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