A todos le importa el dinero. Es esencial saber cómo usarlo, y es un gran desafío asegurarnos de que no nos domina.

Sin embargo, mucho de nuestro entendimiento del dinero nace de malas interpretaciones de pasajes bíblicos. Por ejemplo, algunas personas parecen enseñar que la Biblia entera se trata del dinero. Otras personas, para evitar lo que dicen los primeras, nunca hablan sobre lo que enseña la Biblia acerca de este tema. Estas dos posturas dejan a los creyentes muy confundidos sobre lo que Dios piensa del dinero y sus finanzas personales.

Lo que la Biblia enseña acerca del dinero es muy claro, si estamos dispuestos a escuchar. Este es un resumen de la enseñanza bíblica sobre nuestras finanzas:

1. Todo le pertenece a Dios, incluyendo todo el dinero.

“Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
El mundo y los que en él habitan” (Salmo 24:1).

No importa quién eres, a qué te has dedicado, o cuánto dinero has ganado en tus profesiones, todo lo que tienes le pertenece a Dios.

2. Somos mayordomos de lo que Él nos ha dado, incluyendo el dinero.

En Lucas 12:42-46 encontramos el pasaje del dueño que le presta bienes a sus siervos para que ellos trabajen esos bienes y luego rindan cuentas sobre ellos. Esta historia nos recuerda que todo lo que tenemos, no solo nuestro dinero, es simplemente prestado por Dios. Él nos ha encomendado cuidar lo que Él nos ha prestado durante el tiempo que lo tengamos.

3. El dinero demuestra lo que amamos.

“Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo 6:21). La forma en que gastamos nuestro dinero demuestra claramente en qué estamos confiando. Esta es una regla general, y cada quien tiene que examinar su propio corazón al respecto. Nuestro dinero en muchos casos rinde adoración y alabanza a nuestros ídolos.

4. El dinero no nos hará feliz.

“A los ricos en este mundo, enséñales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, el cual nos da abundantemente todas las cosas para que las disfrutemos” (1 Tim. 6:17).

Todos tenemos que usar el dinero. Pero tener dinero o gastarlo como fin, nunca nos hará felices. Si crees que vas a estar más feliz cuando te promuevan a un nuevo puesto, te den un aumento, o te gradúes para poder ganar más dinero, te estás engañado. De hecho, a veces los que tienen más dinero son los más quebrantados.

5. No es malo ganar dinero honestamente.

“Pobre es el que trabaja con mano negligente, Pero la mano de los diligentes enriquece” (Prov. 10:4).

Dios nos ha diseñado para poder trabajar. Cuando Él colocó a Adán y Eva en el jardín, les dijo que cultivaran la tierra y se multiplicaran. Eso es lo que todos seguimos haciendo. Ahora no solo estamos cosechando verduras, sino también creando medicinas, inventando tecnología, generando nuestras industrias. Dios diseñó proveer para las necesidades del hombre por medio de nuestros trabajos.

6. Dios ha prosperado a algunos más que a otros.

Es importante entender que Dios no nos ha dotado a todos de la misma manera. Dios, en su gracia, concede a algunas personas más talento e inteligencia que a otras. Y en su soberanía, Dios también hace lo que a Él le place. Algunas personas que “deberían” prosperar, no prosperan. En otras ocasiones, sí. Pero Dios es el proveedor de todos.

Esto significa que la prosperidad material no está directamente relacionada con la bendición de Dios. Cuando conectamos la bondad de Dios a la prosperidad económica, en muchos casos decimos que ciertas personas descaradas y corruptas tienen la bendición de Dios simplemente porque son prósperas (cp. Salmos 73).

7. La Biblia no promete que si das dinero, Dios te dará más dinero.

La historia de la Biblia es una en donde Dios nos ha dado bendiciones infinitamente, generosamente, misericordiosamente, a pesar de que el hombre ha sido infiel y rebelde.

Si lo que buscas es un sistema en donde Dios te trata justamente en base a lo que haces… tú y yo estaríamos eternamente condenados en el infierno. La historia bíblica no es una de un pueblo justo a quien Dios recompensa por sus buenas obras. Es la historia de un Dios que ha dado generosamente a un pueblo de rebeldes.

Por eso es imposible llegar a la conclusión de que algunos pasajes en la Biblia enseñan que Dios da dinero al que da dinero. Seguramente que Dios bendice a los generosos. Sin embargo, la bendición no siempre es material y la generosidad que Dios bendice va mucho más allá que simplemente dar de su dinero.

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