Hay buenas razones por las que no multiplicamos una iglesia a pesar de que tengamos un ministerio que luce fructífero. Sin embargo, a veces lo que impide la multiplicación es nuestra metodología o aún nuestro corazón.

Estas son cinco razones por las que impedimos, a menudo sin notarlo, la multiplicación de nuestras iglesias:

1. Vemos la iglesia como una empresa familiar

Es común escuchar esta historia: Alguien plantó una iglesia y, con el paso del tiempo, los recursos y bienes de la iglesia están a su nombre y sus colaboradores cercanos son sus propios familiares. He sabido de iglesias cuyos terrenos están a nombre del pastor, que consideran las iglesias como herencia para sus hijos.

Esto es trágico, contrario a la Palabra de Dios, y representa un enorme obstáculo para la visión de multiplicación que vemos en el Nuevo Testamento. Acaparar los recursos y adueñarse de los miembros de la iglesia es lo opuesto a la generosidad necesaria para que las iglesias realmente se multipliquen.

Acaparar los recursos y adueñarse de los miembros de la iglesia es lo opuesto a la generosidad necesaria para que las iglesias realmente se multipliquen.

2. Tememos lo que pueda suceder si enviamos gente y recursos a otro lugar

Si nuestra iglesia tiene 200 personas y apenas se sostiene económicamente, nos dará mucho miedo enviar a un grupo de personas a plantar a otro lugar. El pensamiento fatalista es que la iglesia se vendría abajo si les pedimos a algunos de nuestros miembros que planten una nueva iglesia.

No cabe duda de que parte de la tarea de liderazgo de una iglesia es ser buenos mayordomos de los recursos. Sin embargo, no querer ser generosos también podría demostrar un gran vacío de fe. Dios mismo es el dueño de los recursos.

Si creemos que la iglesia le pertenece a Dios y que Él da el crecimiento, no hay razón para temerle a la multiplicación.

3. Algunos plantadores nuevos no quieren rendir cuentas

Muchos plantadores son “llaneros solitarios” que no quieren rendir cuentas a nadie, ni tampoco estar bajo la autoridad de otro pastor. En muchos casos, estos hombres creen que pueden formar una iglesia mejor que las de los demás, y por eso no quieren que nadie influya en su manera de trabajar.

Todo esto va en contra de la naturaleza de liderazgo de la iglesia en el Nuevo Testamento. La pluralidad pastoral implica que todo pastor también es oveja, y todos juntos se rinden cuentas mutuamente. Si un pastor no quiere estar bajo la autoridad y supervisión de otro, no debería ser pastor y mucho menos plantar una nueva iglesia.

4. Vemos a las otras iglesias como competencia

Cristo reina sobre todos los que ya están en Él. En ese reino solo hay un Rey, y todos los creyentes simplemente formamos parte de Su reino por Su sola gracia. De esa realidad, podemos inferir que todas las otras iglesias aparte de la nuestra no son competencia. Más bien, son una extensión del mismo reino.

Los cristianos no estamos en diferentes equipos que compiten entre sí, sino que todos estamos finalmente en el mismo equipo. No somos los dueños de las iglesias ni tampoco plantadores solitarios; todos tenemos el mismo Dueño. Trabajamos por y para Él.

No somos los dueños de las iglesias ni tampoco plantadores solitarios; todos tenemos el mismo Dueño.

5. No encontramos nuestra identidad en el evangelio

Por último, y creo que esto es lo más peligroso, muchas veces la razón por la que no nos multiplicamos bíblicamente es que hemos terminado encontrando nuestra identidad y valor en el ministerio en que servimos y no en Cristo, el Señor de ese ministerio.

Para muchos pastores, el ministerio se han convertido en una carrera y la iglesia es un símbolo de nuestro éxito ministerial. Por eso, al final del día, estamos más preocupados por nuestro éxito, nuestra fama, y nuestra plataforma pública, que por la misión de Cristo y de Su gloria. Solo queremos extendernos a nuevos lugares si eso significa más renombre y una estructura ministerial mayor para nosotros.

Por lo tanto, quiera el Señor concedernos honestidad para examinar constantemente nuestros corazones y métodos, dándonos más pasión por la multiplicación de su Pueblo.

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