En el mundo de las misiones internacionales, sé que Dios ha usado mucho a misioneros que han salido de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, también sé que como misioneros gringos hemos cometidos muchos errores.

A veces, en nuestro afán por ver a las naciones alcanzadas con el evangelio, no hemos tomado los pasos necesarios para conocer los desafíos de los países a los que vamos, para poder ofrecer un apoyo balanceado que dignifique y no que denigre u oprima. En algunos casos, lo que hemos extendido es el sueño americano y no el reino de Dios.

Dios no es gringo, y los gringos no somos dueños del cristianismo.

En ese sentido, quiero decir contundentemente que Dios no es gringo, y los gringos no somos dueños del cristianismo. Nuestros Dios es global, y siempre ha tenido en mente la idea de que las naciones interactúen y vivan la diversidad global. Vemos esto en cinco movimientos a lo largo de las Escrituras:

1. Dios creó las naciones

Una de las maneras principales en las que se identifica a una nación, o a un grupo socio-político, es por el idioma que ellos hablan.

En Génesis 11, cuando los hombres buscan alcanzar a Dios por medio de una gran construcción, Dios los juzga confundiendo sus idiomas y así creó las naciones. Aunque esto fue un juicio en aquel momento, a medida que va progresando la revelación podemos ver cómo esto realmente era el plan de Dios.

2. Dios quiere bendecir a las naciones

Un capítulo después, en Génesis 12, vemos la promesa de Dios a Abraham. Él dice que le dará una familia a Abraham, y que por medio ella “serán benditas todas las familias (naciones) de la tierra”.

Por lo tanto, el plan de Dios al escoger al pueblo de Israel no es ser elitista y solo incluirlos a ellos en su pueblo redimido. El plan de Dios, desde Génesis 12, es bendecir a las naciones.

El plan de Dios, desde Génesis 12, es bendecir a las naciones.

3. Dios demuestra su poder entre las naciones

Sin embargo, entre las naciones hay un gran problema. La mayoría de ellas son paganas. Antes de que sean benditas por Dios, tienen que reconocerlo como el único y verdadero Dios. Por eso, a lo largo del Antiguo Testamento, vemos el conflicto entre Yahweh, y el pueblo de Yahweh (Israel, la familia de Abraham) y los dioses falsos de las naciones.

Esto sucede en Egipto con las 10 plagas, en la conquista de la tierra prometida, durante los exilios, y en el tiempo de los profetas. Dios constantemente está mostrando delante de las naciones que sus dioses son falsos y que Él es el único verdadero.

4. Dios nos envía a las naciones

En los evangelios vemos diferentes interacciones entre Cristo y los gentiles. Por ejemplo, vemos cómo Jesús trata a la mujer de Sirofenicia en Marcos 7. Hay un sentimiento en los evangelios de que el lugar de los gentiles en el plan de Dios está cambiando.

Después de la muerte y resurrección de Cristo, Él da a sus discípulos la Gran Comisión (Mat. 28:18-20). En ella, Él enfatiza que debemos hacer discípulos “de todas las naciones”. Jesús comisiona a sus discípulos no solo a reunir seguidores de Él en Jerusalén y Judá, sino también de entre todos los confines de la tierra.

5. Dios reúne a las naciones

Nosotros vemos esto en Apocalipsis 7:9-10:

“Después de esto miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Clamaban a gran voz: ‘La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero’”.

El plan de Dios no es reunir para sí mismo un pueblo homogéneo. En cambio, es reunir a un pueblo diverso, internacional, donde Él es adorado ampliamente y profundamente en diferentes lenguas y culturas.

Nuestro Dios no es gringo. Pero tampoco es guatemalteco, ni mexicano, ni chino. Dios es un Dios global, y Él ama a las naciones.

¿Comprendemos la importancia de esto en la misión de la iglesia?

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