Algunas personas postulan que la misión de la iglesia es involucrarse en todas las cosas que Dios está haciendo en el mundo. Toman movimientos revolucionarios y sociopoliticos como si fuesen la obra de Dios, y creen entonces que la iglesia debe involucrarse en ellos.

Otros dicen que nuestra misión es hacer todas las cosas que Dios le dice a la iglesia que haga. Esto se ha llamado misión integral. Parte de ella es buscar la justicia social, hacer buenas obras, ayudar al pobre. Esto incluye proclamar el evangelio y hacer discípulos.

En medio esta conversación, es útil entender que la palabra misión no aparece en el Nuevo Testamento. Es por eso que, en muchos casos, hablar de la misión de la iglesia es simplemente una discusión semántica. No todas las personas están de acuerdo en qué significa eso. Al mismo tiempo, es valioso reconocer que la iglesia es llamada a hacer muchas cosas diferentes. Ignorar una de ellas es rebeldía y desobediencia.

La iglesia es llamada a hacer muchas cosas diferentes. Ignorar una de ellas es rebeldía y desobediencia.

Entonces, ¿por qué muchos cristianos (entre los que me incluyo) enfatizamos el hacer discípulos como la misión de la iglesia, sin restar importancia a la obligación que tenemos en asuntos de ayuda social? Aquí comparto tres razones para esto:

1. Claridad de lenguaje.

Muchos han dicho que “si todo es misión, nada es misión”. Hay cierta lógica aquí, ya que la palabra misión se ha vuelto ubicua. La realidad es que si llamamos a todo “misión”, seremos llevados por la cultura en cuanto a nuestras tareas. Entonces, si la gente clama por más justicia social, llamaremos misión a la justicia social. Si la cultura pide equidad económica, entonces llamaremos a esto nuestra misión.

En este sentido, cuando el pueblo de Dios ve su misión como hacer discípulos, la cultura puede tener distintas necesidades (que deben ser relevantes a la iglesia), pero su misión sigue siendo la misma: hacer discípulos. Esto nos trae gran claridad de lenguaje. La precisión de nuestra jerga demanda que definamos más claramente cuál es nuestra misión en medio de todas las cosas que deberíamos estar haciendo.

2. El mayor problema del hombre.

A veces se ha dicho que la función principal o primaria de la iglesia es predicar el evangelio o hacer discípulos. No creo que este lenguaje nos ayuda a determinar nuestra misión, ya que pone nuestras obligaciones en un cierto ranking. Sin embargo, sí podemos “poner en ranking” las necesidades de los hombres.

Seguro que hay grandes necesidades materiales en el mundo, cosa que los seguidores de Jesús deberían tratar y hablar. Pero estas necesidades son presentes, no futuras. En muchos sentidos son temporales, no cósmicas. El verdadero problema principal que enfrenta el hombre es su aislamiento de Dios por su propio pecado. Por tanto, el discipulado debería ser enfatizado entre todas nuestras responsabilidades.

El verdadero problema principal que enfrenta el hombre es su aislamiento de Dios por su propio pecado.

3. El ministerio de Cristo.

Por último, observemos la misión particular de Jesús. Hay un pasaje en el evangelio de Marcos que siempre me ha retado. En Marcos 1, Cristo ha terminado de sanar a muchas personas en Capernaúm. Ellos tenían grandes necesidades. Tantas, que al otro día todavía habían muchas personas que buscaban a Jesús para ser sanada.

En vez de quedarse con ellas hasta sanarlas a todas, Cristo se fue a otra región. “Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que Yo predique también allí, porque para eso he venido” (Mar. 1:38). Aquí vemos que Cristo entiende que su misión es predicar la venida del Reino. Hay una distinción, entonces, entre las cosas buenas que Cristo hizo (como sanar a las personas) y su propósito o misión en predicar.

Nada de esto significa que hacer discípulos es lo único que hace la iglesia. Sino que hacer discípulos es lo único que llamamos misión. Hay otras cosas que somos llamados a hacer, ninguna de ellas podemos ignorar porque estamos haciendo discípulos.

Nada de esto significa que hacer discípulos es lo único que hace la iglesia. Sino que hacer discípulos es lo único que llamamos  misión.

Hagamos discípulos integrales

Es por todo esto que enfatizamos el discipulado como la misión de la iglesia.

Pero aquí vale la pena preguntar, ¿qué tipo de discípulos hacemos? Ellos deben ser discípulos integrales, que obedecen todo lo que Cristo nos llama a hacer. Él nos llama a proclamar el evangelio y ayudar a otros crecer en gracia. También nos llama a atender las necesidades materiales y físicas de los demás, a amar al prójimo, proteger el vulnerable.

Si no enseñamos a los nuevos discípulos a hacer todo esto, ellos serán desobedientes, aún si predican el evangelio y hacen discípulos. En ese sentido, nuestra misión es una: hacer discípulos. Pero cuando nos referimos a la clase de discípulos que hacemos, son discípulos integrales. Son discípulos que obedecen la totalidad de la enseñanza de Cristo.

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