Evangelizar es una responsabilidad para todo cristiano. Creo que todos sabemos eso y hemos sentido la presión de tal responsabilidad. No he conocido a un cristiano que reconozca que está evangelizando lo suficiente.

A la mayoría de las personas les cuesta evangelizar porque no saben cómo llegar a tener conversaciones que hablen del evangelio. Además, veo otro problema en nuestro evangelismo: solemos hablar del evangelio de maneras muy generales. Queremos asegurarnos de que hablamos de los temas principales (pecado, redención de Cristo, arrepentimiento, y fe) y, como resultado, nunca explicamos cómo este mensaje es Buena Noticia para la persona con la que estamos hablando de una manera particular.

¿Cómo podemos, entonces, hablar del evangelio con nuestro vecino? El proceso de evangelismo se puede hablar en dos elementos generales. El primero es ser amigo, y el segundo es ser testigo. Veamos qué significan estas dos cosas.

Ser amigo de tu vecino

1. Conoce a tu prójimo

Tristemente, muchos cristianos y movimientos cristianos nos desaniman a tener relaciones con gente no cristiana. Esto es un grave error. El Nuevo Testamento da por sentado que tendremos muchas relaciones con personas que no comparten nuestra fe.

El Nuevo Testamento da por sentado que tendremos muchas relaciones con personas que no comparten nuestra fe.

Hablar del evangelio inicia conociendo a otras personas, siendo un verdadero amigo. Si no conoces a tu vecino, acércate, ofrece la mano, y pregúntale como se llama y a qué se dedica. Antes de que puedas ser un amigo, tienes que simplemente conocer a alguien.

Conocer asume pasar tiempo juntos. Por lo tanto, busca oportunidades para pasar tiempo con gente no cristiana. Si son tus vecinos, invítalos a la casa. También puedes comprar café siempre en la misma cafetería, andar en Uber o taxi, y hacer ejercicio en el gimnasio en el mismo horario todos los días. Esta clase de patrones regulares permiten conocer a otras personas.

2. Escucha a tu prójimo

A medida que conocemos a más personas, debemos tomar el tiempo para escucharlas. A todos nos gusta hablar, pero a pocos nos gusta escuchar. Escuchar al otro es una manera activa de morir a nosotros mismos. Es decidir que vamos a interesarnos en él, y no esperar que él se interese en nosotros.

Si quieres comunicar el evangelio de una manera eficaz a tus amigos, no puedes suponer que entiendes sus vidas, luchas, y sufrimientos. Tienes que escucharlos. Ellos van a expresar frustraciones, desánimo, y desesperación. Estas son oportunidades para hacer preguntas sinceras y llenas de amor, para escucharlos y entenderlos más.

En estas conversaciones, ellos empezarán a demostrar el fundamento de su fe. Demostrarán en qué confían. Estos momentos son buenos para ayudarles a evaluar si el fundamento de su fe realmente es lo suficientemente fuerte para sostenerlos. Puedes hacer preguntas sencillas como, “¿Eso qué significa?”, o “¿Cómo llegaste a esa conclusión?”, “¿Qué esperas de esta situación?”.

Paul Tripp, en su libro “Instrumentos en las Manos del Redentor” llama a estas situaciones “puertas de entrada”. Él dice lo siguiente:

    1. Escuche las palabras emocionales. (“Estoy enojado”. “Tengo miedo”. “No puedo dejar de llorar.”)
    2. Escuche las palabras de interpretación. (“Esto no debería suceder.” “Supongo que estoy recibiendo lo que me merezco”. “Me pregunto si vale la pena levantarse por la mañana”.)
    3. Escuche hablar de sí mismo. (“Soy un fracaso”. “Esto siempre me sucede”. “Yo no tengo lo que se necesita para hacerle frente a esto”.)
    4. Escuche hablar de Dios. (“Yo pensaba que estaba haciendo lo que Dios quería”. “Él simplemente no oye mis oraciones”. “¿Cómo podría Dios permitir que esto me suceda?”.)

Estos dos pasos, conocer y escuchar, forman parte de ser amigo.

Ser testigo a tu vecino

1. Identifica ídolos y cómo responder

En base a lo que has escuchado durante este proceso, imagino que has identificado el dolor que el pecado o el sufrimiento ha causado a tu vecino. Este paso es el más importante. Tenemos que responderle con las buenas noticias del evangelio en base a sus dudas.

Pablo dice en Colosense 4 que deberíamos saber cómo responder a cada persona. Esto significa que no vamos a tener un discurso único para todos. Siendo sensibles a la información que cada persona nos comparta, podemos explicarles amorosamente cómo Cristo es mejor que aquello en lo que confían.

Muchas personas buscan su gozo, significado, identidad, e importancia en el trabajo, la familia, su cónyuge, sus hijos, sus logros y educación, etc. Estas cosas siempre les fallarán, trayendo dolor y frustración. Lo que suple en verdad sus anhelos, llena sus corazones, y trae verdadero gozo es arrepentirse de buscar llenar sus corazones con otras cosas. Lo único que en verdad nos satisface es confiar en Cristo.

Lo que en verdad nos satisface es confiar en Cristo.

Para muchas personas este paso es el más difícil, no porque sea complejo, sino porque ellas no han identificado esto en sus vidas. Si no estás evaluando constantemente si Cristo es tu tesoro de mayor valor, caminando en profundidad con Él, entendiendo como Él es buenas noticias en tu vida, no podrás identificar cómo Él lo es en la vida de otro.

2. Habla el evangelio en amor

No puedes evadir la importancia de hablar el evangelio. Pablo mismo hace la pregunta retórica en Romanos 10, ¿cómo creerán los demás si no hay quien les predique?

Compartamos el evangelio, pero no desde una postura de juicio, creyéndonos mejor que los demás porque somos cristianos. Al contrario, busquemos hacerlo con mucho amor y misericordia, identificando lo similar que somos mientras reconocemos que lo que marca cualquier diferencia en nosotros se debe a Cristo.

3. Acompaña a tu prójimo

Después de todo esto, la tarea apenas empieza. Es imperativo que sigas caminando con las personas a quienes les compartes el evangelio. Esto incluye seguir haciendo buenas preguntas, escucharlos, y testificar de Cristo cuando tengamos la oportunidad.

Todo esto forma parte de ser testigo de Cristo a la vida de alguien más, que bien puede ser tu vecino. ¿Estamos orando para que el Señor nos conceda cumplir con este llamado?

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