La plantación de iglesias, por su naturaleza, hace más que simplemente evangelizar a nuevos lugares. Además de eso, plantar iglesias es una liturgia didáctica. La palabra liturgia significa un servicio público o visible. Algo didáctico es algo que enseña. En ese sentido, la plantación de iglesias es un servicio público que enseña.

La plantación de iglesias es una actividad que enseña e instruye al mundo por su mera existencia.

En otras palabras, la plantación de iglesias es una actividad que enseña e instruye al mundo por su mera existencia. Cuando plantamos iglesias, el mensaje explícito que proclamamos es el evangelio, pero hay otros mensajes implícitos que enseñamos y que América Latina necesita escuchar. Estos son algunos de ellos:

1. Plantar iglesias demuestra que la Iglesia es central en la obra de Dios

En pasajes como Efesios 3:10, aprendemos que Dios demuestra su multiforme sabiduría por medio de la iglesia. Por lo tanto, podemos armar muchos eventos, predicar en muchas conferencias, escribir muchos libros, y desarrollar buenas iniciativas; pero si no plantamos nuevas iglesias, estamos impidiendo la exposición de la multiforme sabiduría de Dios.

Cuando plantamos iglesias, implícitamente proclamamos que lo que está sucediendo en nuestra iglesia local es de lo más importante que está sucediendo en la obra de Dios.

2. Plantar iglesias demuestra a quien le pertenece la Iglesia

La Iglesia no nos pertenece; le pertenece a Cristo. Cuando plantamos iglesias, demostramos ser como el mayordomo de Mateo 25, quien solo cuida los bienes que le pertenecen al dueño, y que la mayordomía fiel de esos bienes se encuentra en la multiplicación. Esa multiplicación no demuestra que el siervo es dueño. En cambio, simplemente demuestra que es un buen mayordomo de lo que no es suyo.

3. Plantar iglesias muestra la naturaleza misionera de la Iglesia

La iglesia local es el resultado de la misión de Dios. Es la comunidad de personas unidas con Cristo, reunidas y bautizadas por el Espíritu Santo, empoderadas por Él para ser partícipes en la misión de Dios.

Greg Allison, en su libro Sojourners and Strangers, dice lo siguiente:

“La misión no viene de la iglesia. [Es a partir] de la misión de Dios y a la luz de la misión de Dios, que se entiende la iglesia. Esta noción contrasta con la idea de que las misiones son una actividad de la iglesia en vez de ser parte esencial de su imagen. Ser misional se trata de identidad primero y luego de función”.

Cuando plantamos iglesias, enseñamos que parte esencial de la naturaleza de la iglesia es su misión. Demostramos que la iglesia es enviada y movilizada en misión perpetuamente.

4. Plantar iglesias impulsa la misión de una manera local

Hacer discípulos de Jesús, plantando iglesias llenas de personas que siguen a Jesús y lo obedecen, va a lucir diferente en cada comunidad.

Plantar iglesias nos lleva a considerar la cultura, el contexto, y la situación particular de un barrio en particular, o una colonia en particular, y nos empuja a contemplar cómo comunicar el evangelio y ser iglesia en ese entorno.

Cuando plantamos iglesias, sacamos a la iglesia de su edificio para que la ciudad pueda ver a la iglesia y que la iglesia vea su ciudad.

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