En nuestra iglesia solemos usar la frase, “nuestros métodos predican”. Con esto nos referimos a que nuestra metodología debería hacer visible nuestra teología.

Esto importa porque, en muchos casos, los líderes y pastores en las iglesias no nos damos cuenta del mensaje que transmitimos con nuestros métodos.

Nuestra metodología debería hacer visible nuestra teología.

Todos entendemos esto en un nivel personal. Sabemos que nuestras acciones pueden hablar más fuerte que nuestras palabras. Por lo tanto, en la iglesia podemos caer en la trampa de decir las cosas correctas desde el púlpito mientras actuamos de forma incoherente con ellas.

Por eso, al considerar cada acción a tomar en nuestra iglesia, buscamos preguntarnos: ¿Qué mensaje predicará esta acción? Esto lo preguntamos cuando tomamos decisiones de presupuesto o de personal, de lanzar eventos o iniciativas, etc.

Pensando en esto, hay tres aspectos en los que una iglesia debería estar considerando siempre el mensaje que predica con sus métodos:

1. Nuestro manejo del dinero.

La forma en que la iglesia usa el dinero dice mucho acerca de los valores y las creencias de los líderes. Tristemente, muchas personas en sus congregaciones no saben cómo la iglesia gasta o invierte el dinero.

Nuestro uso del dinero debe considerar la misión de la iglesia. Por ejemplo, si decimos que nuestra misión principal es hacer discípulos, pero siempre gastamos mucho dinero en eventos que no dan ese resultado, si siempre estamos gastando más y más dinero en embellecer las instalaciones, y si siempre estamos contratando más personal administrativo, tal vez nuestros métodos están negando nuestra misión.

2. Nuestro manejo del tiempo.

Aquí me refiero al tiempo que los líderes ocupamos de los miembros de la iglesia.

Hay muchas cosas que decimos desde el púlpito que son importantes. Hablamos de la importancia de estar en familia, de hablar con nuestros vecinos, de servir para las necesidades de los vulnerables. También hablamos de lo importante que es leer la Biblia, estar en estudios bíblicos, participar en los programas de la iglesia, estar presente los domingos, y servir en algún ministerio.

Sin embargo, aunque solemos decir todo eso, a menudo le pedimos a la gente que haga otras cosas. Si queremos que los miembros de nuestra iglesia tengan tiempo para estar con sus familias y hablar con sus vecinos, por ejemplo, no podemos exigirles que estén presentes en la iglesia todas las noches de la semana.

Si queremos que nuestra iglesia sirva a las necesidades del vulnerable y cumpla con el mandato cultural trabajando para la gloria de Dios, esto significa que no todos los miembros podrán servir en un ministerio de la iglesia. Entendiendo esto, podemos ver que el uso del tiempo de los miembros puede negar el mensaje que predicamos desde el púlpito.

El uso del tiempo de los miembros puede negar el mensaje que predicamos desde el púlpito.

3. Nuestro manejo de energía.

Esto tal vez es más abstracto que los puntos anteriores, pero está íntimamente ligado a nuestro punto anterior. ¿Cuánto nos estamos esforzando en las cosas que decimos que son de mayor importancia para la iglesia?

Si, por ejemplo, nuestra misión es hacer discípulos, necesitamos entender que eso es algo que puede suceder dentro de las instalaciones de la iglesia o fuera de ellas. Sin embargo, si siempre exigimos que las personas sirvan en ministerios dentro de la iglesia, implícitamente damos a entender que lo más importante, aquello en lo que debemos gastar nuestra energía, son las cosas que suceden dentro de las cuatro paredes de la congregación.

Como pastores, es imperativo que pensemos profundamente acerca de nuestros métodos. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Podemos caer en la trampa de hacer cosas porque las sentimos necesarias o importantes, sin primero evaluarlas a la luz de nuestra misión.

 

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