Es difícil saber a qué se refiere la mayoría de la gente cuando usa frases como “iglesia sana” e “iglesia de sana doctrina”.

A veces, quieren decir que cierta iglesia comparte un sistema doctrinal que les agrada. Otras veces, se habla de una iglesia donde hay predicación expositiva o teología reformada.

Creo que la mayoría de las cosas que hemos etiquetado como “sanas” son un poco deficientes por sí solas. Soy reformado doctrinalmente y amo la predicación expositiva. Sin embargo, cuando reducimos la sanidad de una iglesia o doctrina a esas cosas, estamos ignorando otras cosas grandes, dejando por fuera a buenos hermanos en la fe que quizás son sanos pero no comparten nuestro sistema teológico o forma de predicar.

Solo porque una iglesia es reformada y tiene predicación expositiva no significa que es sana.

Creo que hay cuatro elementos que deben existir en una iglesia para que ella sea sana según la Biblia. Estos elementos se pueden encontrar en diferentes iglesias de diferentes denominaciones. Puede que una iglesia tenga “buena doctrina”, pero si no cumple con los elementos de este listado, en realidad no es una iglesia sana:

1. En una iglesia sana, Cristo es el centro.

La Palabra nos explica que Cristo, el logos eterno de Dios, es el protagonista de todo lo que hace la iglesia. Cristo es el centro porque la iglesia debe su existencia a Él.

Como Pablo dice en Colosenses 1:18 hablando de Cristo, “El es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que El tenga en todo la primacía…”.

El apóstol también nos dice en Filipenses 2 que a Cristo se le ha dado el nombre sobre todo nombre gracias a su obra redentora. En una iglesia sana, Jesús es el centro.

2. En una iglesia sana, la Palabra es la autoridad.

Nos sujetamos a la Palabra de Dios porque es inspirada por Él (2 Tim. 3:16). Por tanto, ella viene a nosotros con autoridad. Sujetarnos a ella es sujetarnos a Dios.

La Palabra también es lo único con poder para corregirnos, redargüirnos, y enseñarnos para que podamos ser totalmente equipados para toda buena obra (2 Tim. 3:17).

Si la Iglesia no tiene la Palabra de Dios como su mayor autoridad, se vuelve fluctuante y entra en riesgo de ser llevada por cualquier capricho de sus líderes o la cultura general. En una iglesia sana, tenemos que someter todo a la Palabra de Dios.

Si la Iglesia no tiene la Palabra de Dios como su mayor autoridad, se vuelve fluctuante y entra en riesgo de ser llevada por cualquier capricho de sus líderes o la cultura general.

3. En una iglesia sana, hay transformación en comunidad.

El plan de Dios para la iglesia no es simplemente tener a un grupo de personas reunidas, sino que ellas se conformen más y más a la imagen de Cristo. En Colosenses 1, Pablo dice que él sirve “a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo”.

La iglesia existe, en parte, como la herramienta de Dios para ayudarnos a ser más como Jesús. En otras palabras, el crecimiento de cada cristiano es un proyecto comunitario y la comunidad cristiana es un proyecto de transformación personal.

Lamentablemente, hemos reducido la iglesia a simplemente tener servicios los domingos. Para ver transformación, necesitamos animarnos y exhortarnos los unos con los otros hacia la santidad. Esto incluye confrontación de pecado, restauración, alentarnos en la dificultad, ayudarnos a identificar ídolos. Es ser transformados poco a poco, en comunidad.

Lamentablemente, hemos reducido la iglesia a simplemente tener servicios los domingos.

En una iglesia sana veremos a personas creciendo en Cristo por medio de relaciones saludables que los impulsan a seguir creciendo.

4. En una iglesia sana, la misión es perseguida.

Por último, la iglesia tiene una misión fuera de sus cuatro paredes. Cristo nos dio la responsabilidad de invitar a otras personas a creer y crecer en Él, haciendo discípulos de Él (Mt. 28:18-20).

La iglesia existe como una comunidad profética en medio de un mundo sin esperanza, quebrantado, buscando respuestas y soluciones. La iglesia tiene la solución para lo que está mal en el mundo: el evangelio. Nuestra tarea es anunciar estas Buenas Nuevas e invitar a las personas a creer el mensaje y ser cambiadas por Jesús.

Esto producirá creyentes radicalmente diferentes que no solo se reúnen juntos para apoyarse en su crecimiento, sino que también viven en sus comunidades de una manera distinta al resto de las personas.

Cuando la iglesia persigue su misión, tendremos a más personas generosas, que aman la justicia, misericordiosas, y honestas porque se están pareciendo más a Jesús. A final de cuentas, los miembros de la iglesia hacen las cosas que Jesús haría en sus comunidades, colegios, trabajos, etc.

Como puedes ver, una iglesia sana no se puede reducir a sus creencias o a su estilo de predicación. Tenemos que incluir otros elementos que la Biblia incluye.

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