Muchas personas tienen un historial de iglesias. Se han congregado en una por un tiempo y luego, por algún conflicto u ofensa, deciden cambiarse a otra. En general, entiendo por qué lo hacen. Sin embargo, hay un enorme daño a la unidad de la iglesia cuando irnos a otra congregación es nuestra primera respuesta al sentirnos lastimados.

Como Pablo dice en Efesios 4:2-3, “Que vivan con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándose unos a otros en amor, esforzándose por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.

Estas palabras nos confrontan porque a veces nos esforzamos más en preservar nuestro propio ego o idea errada de la paz, de lo que nos esforzamos en preservar la unidad del Espíritu.

A veces nos esforzamos más en preservar nuestro propio ego o idea errada de la paz, de lo que nos esforzamos en preservar la unidad del Espíritu.

Cuando alguien te ha lastimado en la iglesia, sé que eso duele. Y también sé que la Palabra de Dios nos llama a esforzarnos por preservar la unidad. Por eso, si alguien te ha herido en la iglesia, te animo a tomar los siguientes pasos:

1. Considera qué te lastimó.

Muchas veces no consideramos la razón de nuestra herida. Asumimos que, porque alguien nos lastimó, esa persona pecó contra nosotros con malas intenciones y es un hipócrita que debe ser disciplinado por la iglesia. Considera esto:

¿Alguien pecó contra ti? Deberías evaluar si lo que te ofendió fue un pecado o simplemente una ofensa. Quizás hablaron chismes de ti, o te hablaron de manera despectiva. Estas formas de pecar son malintencionadas.

¿Alguien te ofendió sin saberlo? Tal vez interpretaste mal el mensaje de otra persona y ella en realidad no deseaba herirte. Quizá te sentiste ignorado por ella, pero ella simplemente estaba ocupada con algo más, lo cual no le permitió atenderte bien.

Nuestra tarea es dar el beneficio de la duda. ¿Crees lo mejor de la gente en tu iglesia, o crees lo peor? En la mayoría de estos casos, solo ha ocurrido un malentendido.

¿Lastimaron tu orgullo? Tal vez te hablaron la verdad en amor, algo que necesitabas escuchar, pero tu orgullo no quiso oír. Preferiste ofenderte con el hermano que te habló, aunque lo que él hizo no fue pecaminoso u ofensivo. En este caso, puede que tu orgullo irónicamente te haya hecho pecar contra ellos.

2. Confronta y habla.

Si pecaron contra ti… En estas situaciones, la Palabra de Dios es clara en que tu responsabilidad es hablar con esa persona. La recomendación es hacer preguntas y no acusaciones. Tal vez interpretaste mal la situación. Sin embargo, si la persona en verdad ha pecado, tu responsabilidad es confrontarla con la Palabra. Esto es lo que Mateo 18 nos enseña. Si la persona no responde bien a la confrontación, deberías llevar a otra persona cuando hables de nuevo con ella. Si sigue sin responder correctamente, ve con los pastores de la iglesia. Esto es algo que deberías hacer con gracia y misericordia.

Solo como una nota aparte: Si alguien te quiere hablar mal acerca de alguien más, de algo que alguien les hizo o está haciendo, ¡no lo escuches! Envíalo directo con esa otra persona. Luego, pregúntale si habló con ella y persiste hasta que lo haga. Este comportamiento es esencial para preservar la unidad de la iglesia.

Si alguien te quiere hablar mal acerca de alguien más, de algo que alguien les hizo o está haciendo, ¡no lo escuches!

Si te ofendieron sin pecar… Si alguien te ofendió y no crees que fue a propósito, podrías simplemente pasar al tercer paso que explico más adelante. Si no sabes si fue a propósito o no, deberías hablar con esa persona. Pregúntale a qué se refería cuando hizo tal comentario, o por qué te habló de la forma en que lo hizo. En muchos casos, esa persona no sabía que te ofendió y se disculpará de inmediato.

Si lastimaron tu orgullo… Busca ayuda. Podrías regresar con la persona que te habló la verdad y explicarle lo que te confrontó, o podrías buscar ayuda con uno de los líderes o pastores de tu iglesia. Lo cierto es que, en esta situación, eres tú quien tiene que arrepentirse. Has pecado al resentir lo que otro ha hecho en amor.

3. Perdona y suelta el rencor.

La Biblia no permite al cristiano vivir con rencor y resentimiento. Aún si otro creyente pecó contra ti, no ha querido reconocerlo, ya has llevado el caso a la iglesia local, y ellos están tratando el asunto, nada de esto te da derecho a guardar rencor.

A veces, a nuestro corazón malvado le gusta sentirse superior a otras personas y guardar rencor contra ellas. En el mismo pasaje de Efesios 4, Pablo dice lo siguiente:

Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia. Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo”.

Cuando alguien en la iglesia nos ha lastimado, nuestra tarea es hablar con la persona que corresponde y luego perdonar. Nada más ni nada menos. Por lo tanto, sentirnos lastimados no debería ser un motivo para romper con la unidad en la iglesia.

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