En el país donde vivo, supuestamente hay más de 40,000 iglesias. Sería fácil concluir que ya hay suficientes, y que deberíamos empezar a desarrollar otras iniciativas que ayuden a combatir la pobreza o la violencia, por ejemplo. Así, entonces, no deberíamos plantar iglesias. 

Esta idea suena lógica, pero a veces no la filtramos por medio de la Biblia. De hecho, tal idea genera una falsa dicotomía de que las iglesias son necesarias, y luego otras iniciativas que se desarrollan después. Esto demuestra que no entendemos la relación entre el evangelio y los resultados del evangelio. 

No entendemos la relación entre el evangelio y los resultados del evangelio. 

¿Entendemos el rol de las buenas obras en la iglesia?

En su libro Iglesia Centrada, Tim Keller dice:

“Uno de los dictados de Martín Lutero fue que somos salvos por fe únicamente, pero no por una fe que permanece sola. Su punto radica en que la verdadera creencia evangélica siempre y necesariamente lleva a las buenas obras, pero la salvación de ninguna manera se alcanza a través de las buenas obras o por razón de ellas”.

Por lo tanto, si creemos que más iglesias plantadas impedirá que se realicen más buenas obras, no estamos entendiendo el rol de las buenas obras en la vida de la iglesia. Y si creemos que más obras sociales erradicarán en verdad la pobreza y la violencia, no entendemos el rol del evangelio y la iglesia en la sociedad.

Cuando llevamos este entendimiento correcto a la plantación de iglesias, podemos ver lo radicalmente diferente que es. Plantar una nueva iglesia es reunir una nueva comunidad de discípulos de Jesús en un cierto barrio, quienes están viviendo la vida que Jesús viviría, preocupados por las cosas de las que Jesús estaría preocupado. Simplemente, es una comunidad que vive para la gloria de Dios y el bien de su ciudad. Por lo tanto, es importante continuar la tarea de la plantación de iglesias.

Plantar una nueva iglesia es reunir una nueva comunidad de discípulos de Jesús en un cierto barrio, quienes están viviendo la vida que Jesús viviría.

Aún con eso establecido, creo que hay otras muy buenas razones para plantar más iglesias locales. Aquí hay cuatro de ellas:

1. Los apóstoles plantaron iglesias.

En un mundo lleno de injusticia, necesidades, corrupción y dolor, los apóstoles se dedicaron a reunir comunidades locales de creyentes. Cuando recibieron la Gran Comisión, ellos pudieron crear un montón de iniciativas sociales. Sin embargo, lo que hicieron fue plantar iglesias.

Vemos un ejemplo de esto en Hechos 13-14, cuando Pablo es enviado con Silas a expandir el evangelio a otros lugares. Ellos proclaman la Palabra, y en Hechos 14:21-23 leemos:

“Después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, fortaleciendo los ánimos (las almas) de los discípulos, exhortándolos a que perseveraran en la fe, y diciendo: ‘Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios’. Después que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”.

El método por medio del cual los apóstoles llevaron a cabo la Gran Comisión, fue la plantación de iglesias.

2. Plantar iglesias está en el centro del plan de Dios.

La Iglesia es central en el plan redentor de Dios, y por tanto la iglesia local también. En donde sea que haya una expresión de la iglesia, sabemos que Dios es agradado.

En 1 Pedro 2:9, leemos que la Iglesia es la nación santa, el pueblo adquirido que existe para anunciar las virtudes de Cristo. Esto significa que a Dios le agrada cuando nuevas comunidades locales son establecidas, ya que allí hay más personas y expresiones de esta nación santa y pueblo adquirido.

Ese mismo pasaje dice que nosotros, los cristianos, estamos siendo edificados como piedras vivas para ofrecer sacrificios aceptables a Dios. Las iglesias locales existen para la adoración del Señor.

3. Plantar iglesias ofrece claridad misional.

Un elemento que amenaza a toda iglesia, es la tentación de perder nuestro enfoque en la misión de la iglesia en medio del crecimiento y la institucionalización. Un reto para los pastores es mantener clara nuestra misión como iglesia ante nuestra congregación a pesar de una infraestructura que esté creciendo.

Sin embargo, la plantación de iglesias hace difícil que perdamos nuestra misión. Una plantación tiene la facilidad de ajustarse y cambiarse en base a la misión. No tiene otras actividades que distraen de la misión, no tiene más infraestructura. En muchos casos, una plantación no tiene presupuesto y dinero, sino solamente personas comprometidas a hacer discípulos.

Las plantaciones muchas veces retan a otras iglesias en su sector a mantener también una postura más misional. Muchas veces, al ver a una plantación alcanzar a no-creyentes con el evangelio o servir las necesidades de la ciudad, otras iglesias ya establecidas también quieren participar en esta tarea.

4. Plantar iglesias es una actividad local.

La plantación de iglesias lleva el evangelio y la comunidad de fe a un contexto en particular. Especialmente, en América Latina, podemos hallar enormes diferencias entre comunidades que están muy cercanas. Pueden aún haber diferencias de una calle a la otra.

Cada comunidad tiene un historial con sufrimiento, heridas, y celebraciones que impactan y afectan la manera en que compartimos el evangelio. Cada ciudad tiene también ciertos ídolos, desafíos, y obstáculos como también recursos, oportunidades, y ventajas. Todos estos elementos son considerados por quienes están plantando una iglesia. Esto les permite comunicar el evangelio de una manera relevante a su propia comunidad.

Esta realidad se relaciona con el comienzo de este artículo. Hay comunidades con mucha pobreza, violencia, y corrupción. Si allí hay iglesias, la pregunta es: ¿qué están haciendo al respecto? Obviamente, la comunidad de discípulos debería ir creciendo en generosidad, en protección al vulnerable, y en su propia honestidad e integridad. A medida que la iglesia cumple con su misión y ve a más personas ser convertidas en discípulos de Jesús, el resultado puede ser una transformación en su misma comunidad.

En conclusión, solo con la plantación de iglesias logramos cumplir nuestra misión de hacer discípulos y también ver un cambio verdadero en nuestras ciudades. Creer que las iglesias no impactan a la sociedad es darles excusas a los cristianos para no hacer lo que les corresponde hacer.

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *