¿El crecimiento de la iglesia se puede calcular a medida que se llena el salón de la congregación?

Esa es la premisa central del movimiento “IgleCrecimiento”, que nació principalmente con los escritos de Donald McGavran y C. Peter Wagner. Ellos, junto a otros líderes, nos llevaron a pensar más a fondo acerca del crecimiento de la iglesia. Aunque ciertas cosas buenas salieron de este movimiento, opino que también causó confusión.

De manera general, estos hombres enseñaron que el éxito de una iglesia se podía medir por la asistencia a ella. Si no se llenaba la iglesia, estaba fracasando.

Cuando trabajé para una iglesia que compartía en parte esta filosofía, uno de los pastores siempre decía que “tenemos que competir con Disney”. Esto implicaba atención al cliente, entretenimiento, y atracción. Nuestro marco de referencia era lo que Disney hacía bien. ¿Eso debería ser así? ¿Cómo podemos definir correctamente el crecimiento de la iglesia?

¿Cómo podemos definir correctamente el crecimiento de la iglesia?

El verdadero crecimiento de la iglesia

El libro de Hechos dice a menudo que la Iglesia creció a medida que Dios agregaba personas, pero esos comentarios no son suficientes para defender la idea de que en eso consiste el crecimiento de la iglesia. Tampoco demuestran que podemos hacer que la iglesia crezca por nuestros métodos. En cambio, esos comentarios bíblicos nos demuestran la fidelidad de Dios a estos nuevos cristianos que están compartiendo su fe.

El enfoque principal en cuanto al crecimiento de la iglesia en el Nuevo Testamento no es tanto en el aumento de la cantidad de personas, sino en el tipo de persona en que los miembros de la iglesia se están convirtiendo. En otras palabras, el crecimiento de la iglesia se ve a la medida que los miembros se parecen más y más a Cristo.

El crecimiento de la iglesia se ve a la medida que los miembros se parecen más y más a Cristo.

Vemos este concepto con claridad en Efesios 4:11-16, donde también vemos cómo sucede:

Y El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Entonces ya no seremos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error. Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquél que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor” (énfasis añadido).

El verdadero crecimiento de la iglesia es crecer en todos los aspectos de Cristo.

Cómo sucede el crecimiento de la iglesia

En estos versículos, vemos dos actores principales en el crecimiento de la iglesia: Cristo y los santos. Este pasaje nos explica qué hacen esos actores para llevar a cabo esta labor.

¿Qué hace Cristo?

  1. Cristo da regalos. Cristo da líderes a la iglesia, tanto los necesarios en su nacimiento (apóstoles, profetas, evangelistas), cómo los líderes para su sostenimiento (pastores/maestros) para capacitar y equipar a los creyentes.
  2. Cristo crece su Iglesia. Con este concepto, puede que ya contestamos la pregunta acerca de cómo crece la iglesia. Cristo la edifica y produce su crecimiento. Él le dijo a Pedro que Él edificará a su iglesia (cp. Mat. 16:18). Esto significa que no tenemos que afanarnos al respecto. Cristo llevará a cabo su obra.
  3. Cristo es el fin del crecimiento. La meta de la iglesia es llegar “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Una vez más, el verdadero crecimiento de la iglesia es que ella se parezca a Jesús.

¿Qué hacemos nosotros?

  1. Realizamos la obra del ministerio. Efesios 4:12 dice que los líderes de la iglesia capacitan “a los santos para la obra del ministerio”. Esta obra nos corresponde a todos los santos, y no solo a los pastores. Es la misma tarea que Cristo dió a sus discípulos: hacer discípulos. Todos nosotros somos responsables por invitar a personas a creer en Jesús y ayudarlos a crecer en Él.
  2. Hablamos la verdad en amor. Como Efesios 4:15 nos enseña, creceremos a medida que hablamos la verdad en amor. Deberíamos ser personas que aman la verdad.

En relación a esto último, los creyentes nos hablamos honestamente los unos a los otros, confrontando nuestro pecado. Nos hablamos la verdad de la Palabra, como Cristo oró en Juan 17:17, “santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad”. Compartimos la verdad del evangelio. “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6).

Como puedes ver, lo que Pablo enseña como crecimiento de la Iglesia en Efesios 4 es mucho más profundo que un simple aumento en la asistencia. No solo es más profundo, sino que produce más gozo cuando lo vemos suceder.

¿Cómo crece la iglesia? Cristo hace crecer a su Iglesia a la medida que los miembros se hablan la verdad en amor para que se parezcan más a Él.

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