Si no estamos cumpliendo con la misión de la iglesia, estamos fallando con nuestro propósito.

Muchos líderes saben eso. Sin embargo, otros están frustrados porque entienden que sus iglesias no logran abrazar y vivir lo que significa ser una iglesia misional. Muchos pastores no saben cómo hacer una transición en su metodología hacia una más misional. Por eso quisiera compartir cuatro maneras en las que puedes animar a tu iglesia ser más misional.

Pero antes, una aclaración.

¿Qué es una iglesia misional?

Si cuando hablas de iglesia misional te refieres a una iglesia “cool”, que está creciendo rápidamente, donde la música es mejor, hay más hipsters, y se hace justicia social… creo que no has entendido lo que es una iglesia misional. Tal vez puedas hallar esas características en ciertas iglesias misionales, pero ninguna de esas cosas significa ser una iglesia misional.

Como he explicado en otro artículo, una iglesia misional es una comunidad de creyentes que entienden que todo lo que son y todo lo que hacen debe ser impulsado y guiado por su misión de hacer discípulos. Tenemos la tarea de hacer discípulos, y necesitamos más iglesias que tomen en serio su comisión. Por eso me agrada escuchar a alguien decir que quiere que su iglesia sea más misional.

Una iglesia misional es una comunidad de creyentes que entienden que  todo lo que hacen debe ser guiado por su misión de hacer discípulos.

Si como líder anhelas movilizar a tu congregación para cumplir con la gran comisión, tu anhelo es bíblico y te animo a seguir leyendo.

1. Prédica misión.

En Iglesia Reforma, los líderes apartamos algunos domingos del año para hablar específicamente sobre la misión de la iglesia. Hacemos esto a partir de textos de la Biblia, ya que ella nos explica nuestra misión.

No tenemos que reinventar una misión cada vez que plantamos una nueva iglesia, ya que nuestra misión siempre ha sido la misma: hacer discípulos de Jesús y ver que ellos maduren en su fe a la vez que se multiplican.

Estos son algunos pasajes que podrías considerar para predicar: Mateo 28:18-20, Juan 20:21, 2 Corintios 5:17-21, 1 Pedro 2:9-12, Efesios 3:10-11, Santiago 1:27, Mateo 9:37-38, Romanos 10:13-15, Hechos 1:8, y Romanos 1:16-17.

2. Celebra misión.

Toda iglesia celebra cosas. Por ejemplo, algunas celebran la asistencia del domingo. Si la asistencia al servicio fue alta, la iglesia o el pastor celebran (tal vez no explícitamente) y creen que tuvieron “un buen domingo”.

Si queremos que nuestra congregación abrace su misión, celebremos las cosas que Dios celebra. Él se goza cuando somos lo que debemos ser y hacemos lo que debemos hacer (Ef. 3:10-11; 1 Pe. 2:9). Esto no se trata de celebrar solo cuando la iglesia hace evangelismo, sino también cuando muestra misericordia.

Por ejemplo, Dios ha formado en nuestra iglesia un grupo de personas que dedican mucho tiempo al cuidado del huérfano. ¡Queremos celebrar eso! Por eso intentamos a publicar cosas de este grupo en las redes sociales, apartar algunos domingos para hablar de esta causa relevante, y mencionar al grupo desde el púlpito cuando el texto de un sermón se aplica a la obra que ellos realizan.

No celebramos la misión de la iglesia para manipular a la congregación, sino porque nos gozamos al ver que la iglesia está haciendo lo que debería hacer.  

No celebramos la misión de la iglesia para manipular a la congregación, sino porque nos gozamos al ver que la iglesia está haciendo lo que debería hacer.  

3. Planifica misión.

Con esto no me refiero a planificar misión como si ella fuese un evento o un programa (aunque hay espacio para hacer esas cosas). Lo que quiero decir es que, en tu planificación como pastor, siempre debes estar enfocado en la misión.

Ante cada elemento en la planificación de la iglesia, debes preguntarte: “¿cómo esto nos ayuda cumplir nuestra misión?”. Si hay algo que tu iglesia está haciendo y que no ayuda a cumplir la misión, deberían considerar dejar de hacerlo.

Si hay algo que tu iglesia está haciendo y que no ayuda a cumplir la misión, deberían considerar dejar de hacerlo.

Por ejemplo, si tienes coordinadores de diferentes ministerios, ellos pueden justificar cómo sus iniciativas o ministerios son integrales para el cumplimiento de la misión, y deberían poder explicar cómo el plan del año los ayuda a cumplir con ella.

A la vez, parte de planificar misión es no planificar mucho. Eso suena contradictorio, pero si queremos que nuestra iglesia viva la misión que Dios les ha encomendado, los miembros deben disponer de tiempo para estar en sus colegios, empresas, gimnasios, universidades, y otros lugares, para que puedan construir relaciones donde puedan testificar el evangelio. Si los miembros de la congregación siempre están en una reunión de la iglesia, y tienen todas sus noches llenas con actividades o cultos, ¿cuándo cumplirán con su misión?

4. Rinde cuentas de misión.

Muchos creyentes nos hemos acostumbrado a rendir cuentas sobre cosas como nuestra lectura bíblica, nuestra vida de oración, o nuestras luchas contra ciertos patrones de pecado, pero pocos rendimos cuentas de nuestra obediencia a Jesús en la gran comisión. Prestemos atención a esto.

En todos los espacios de tu iglesia (grupos de discipulados, comunidades misionales, reuniones de estudio bíblico, etc.) puedes y deberías introducir de vez en cuando la pregunta, “¿qué estás haciendo para formar discípulos?”. Esa es una manera de motivarnos a reflexionar en nuestra misión como iglesia.

Todos rendiremos cuentas de lo que hemos hecho con lo que pertenece al Señor. De eso se trata la parábola de los talentos (Mat. 25:14-30). Por eso deberíamos rendir cuentas desde ahora, para asegurarnos de no estar enterrando lo que le pertenece a Dios. En vez de enterrar lo que Él nos da encomendado (dones, oportunidades, recursos, talentos, etc.), deberíamos invertirlo todo en el Reino del Señor, para la obra del Señor, con el fin de cumplir la misión del Señor.

Necesitamos entender que cumplir con la gran comisión es un asunto de obediencia. El que no cumple con la gran comisión, no está creciendo en santidad, ya que no busca obedecer a Jesús en su totalidad.

Conclusión

Si tu filosofía ministerial ha girado en torno a un edificio o bastantes programas, donde todos en la iglesia están ocupando en algún programa o liderazgo, será arduo llevar a cabo la transición hacia ser una iglesia misional. El proceso será lento, y debes respetar la historia de tu iglesia durante el mismo.

Pero confiando en el Señor, a medida que predicas misión, celebras misión, planificas misión, y animas a la iglesia a rendir cuentas de misión, puedes encaminar a tu congregación a abrazar más el propósito del Señor para ella.

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