Me alegra ver a muchas personas que quieren que la iglesia vuelva a las Escrituras. He notado que algunas usan la frase “sana doctrina” para hablar de aquello a lo que necesitamos regresar. Creo que, con esta expresión, muchos se refieren a una doctrina reformada.

¿Qué es sana doctrina?

La frase sale de 2 Timoteo, capítulo 4, donde Pablo dice que muchos “no soportarán la sana doctrina”. Lo que literalmente dice, es que muchas no soportarán la enseñanza sana. Todo el contexto del pasaje se refiere a enseñar la Palabra de Dios. Este texto viene inmediatamente después de que Pablo habla de la inspiración de las Escrituras y le dice a Timoteo que predique la Palabra.

En ese sentido, sana doctrina es la enseñanza que abarca todo el consejo de Dios y no solo el sistema doctrinal de preferencia que tengamos. En lo personal, creo que la doctrina reformada es el sistema que resume mejor las enseñanzas de la Biblia. Sin embargo, las Escrituras son mucho más grande que mi sistema doctrinal.

¿Y misión?

Las Escrituras nos apuntan a la misión de la Iglesia, la cual es clara: hacer discípulos de Jesús, bautizándolos y enseñándoles todo lo que Él nos mandó a hacer (Mateo 28:18-20).

Esto significa que una iglesia que enseña una doctrina reformada pero no hace discípulos, no es una iglesia sana en realidad. No está enseñando el consejo entero de Dios.

Una iglesia que enseña una doctrina reformada pero no hace discípulos, no es una iglesia sana en realidad.

Por alguna razón, se nos metió a la cabeza la idea de que una iglesia con mucha doctrina reformada es igual a una iglesia saludable. ¡Cuán equivocados estamos! Una iglesia saludable enseña toda la Palabra de Dios y hace discípulos. Esto incluye compartir el evangelio con aquellos que todavía no creen, ayudar a crecer a los que sí lo creen, y multiplicar discípulos en el contexto en donde te encuentres.

Hermanos, la “sana doctrina” sin misión no es sana.

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